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A propósito de 'Halloween': El trauma familiar de los Meyers

A propósito de 'Halloween': El trauma familiar de los Meyers

24 de octubre del 2018
Por María Paula Ríos
Obsesiones inexplicables y relaciones viciadas.

Ya llega el estreno de Halloween, la esperada secuela de la legendaria saga de horror, en esta ocasión dirigida David Gordon Green, pero con la bendición y producción del propio Carpenter. En Fandango tuvimos la posibilidad de verla, y a diferencia de su antecesora, notamos una fuerte influencia psi en cuanto a tratar de comprender el comportamiento del temible Michael Meyers. El personaje creado por Carpenter y Debra Hill, es un asesino por naturaleza. Nunca antes se brindó una explicación racional de su conducta (salvo en el remake de Rob Zombie), por este motivo el apodo de “el monstruo” por parte de su hermana Laurie Strode (apellido adquirido por adopción).

Michael nace con la maldad corriendo en sus venas. Siendo un niño asesina a su hermana mayor Judith, el día de Halloween vestido de payaso, y años después escapa del reformatorio con la intención de matar a su otra hermana (interpretada por nuestra amada Jamie Lee Curtis). En la secuela, pasaron cuarenta años y Michael está nuevamente encerrado, ahora en una institución de alta seguridad. ¿Pero cómo han sido todos estos años para Laurie? ¿Cuáles son las consecuencias de vivenciar los crueles ataques?


Sin dudas Mike es el síntoma de esta familia. Y sin dudas posee un gran magnetismo su sesgo diabólico e inexplicable; tiene subyugados a dos jóvenes periodistas que quieren saber su historia, sus motivaciones; a un doctor que lo protege desde principios de su internación, gestando un interés casi obsesivo; y a la propia Laurie, quien sabe que de un momento a otro la buscará para matar. Y es así que se prepara, y a su hija, con entrenamiento militar, creando también una casa/trampa para el día del encuentro.

Imaginen el nivel de obsesión de Laurie que el estado le quita la custodia de su hija a temprana edad, y dedica su vida a prepararse para “cazar” a su hermano. Sumida en un espiral paranoico, ella pierde contacto con su hija y su nieta, quienes alegan que no pude superar el trauma (y la razón que tiene).

Sin dudas la única forma de cerrar el círculo será con el inevitable enfrentamiento. El mal existe y está encarnado en Michael Meyers, un asesino que esconde su rostro detrás de una máscara que lo empodera y lo transforma en un ser de dimensiones sobrenaturales. Quizá el fuego sea el elemento vital para purificar las almas de los hermanos y borrar el pasado. A partir de esta secuela ¿Logrará Laurie reestructurar sus recuerdos y superar el trauma? ¿O cargará toda la vida con el estigma de su hermano?




(Foto de portada: Art Rafael Araujo)



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