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Crítica a 'Deseo de matar': Bruce Willis actualiza a Charles Bronson

Crítica a 'Deseo de matar': Bruce Willis actualiza a Charles Bronson

1 de noviembre del 2018
Por Cristhian Manzanares
El remake de 'El vengador anónimo' nos muestra a un "justiciero" en la era de las redes sociales

Una de las primeras preguntas que nos asaltan cuando nos enteramos de que van a hacer un remake (cualquiera sea la película involucrada, más allá de que consideremos la original un “clásico” o no) es esta: ¿acaso es necesario? Y quizás con 'Deseo de matar: Vengador anónimo' la pregunta era más que pertinente. ¿Por qué? Pues, porque, diciéndolo con todas sus letras, aquella cinta de 1974 protagonizada por Charles Bronson en la que se basa esta nueva versión de Eli Roth no es tampoco todo lo interesante que uno pueda suponer (o quisiera recordar).



La gran diferencia, además de los 44 años transcurridos entre una cinta y otra, reside en que el escenario en que transcurre esta trágica historia de venganza es uno en el que estamos ante el escrutinio e influencia de las redes sociales. Es así que las acciones del doctor Paul Kersey, interpretado por Bruce Willis, buscando venganza luego de que tres malandros ingresen a su casa y violenten a su esposa e hija, son registradas en video gracias a la ubicuidad de YouTube y los comentarios en medios tras su visionado.

Y es aquí donde reside el mayor contratiempo que presenta el film: se pretende que todo lo que hace Willis sea aceptado meramente porque, bueno, es él. Su transformación es tan “millennial” que aprende a armar y desarmar una pistola, e incluso a disparar y hacer otras cosas más, simplemente viendo tutoriales en Internet. Un cirujano con la habilidad suficiente de convertirse en un personaje ensalzado de un video juego tipo Grand Theft Auto, sin escrúpulos que le impidan volarle los sesos a un criminal.



Esto no puede quedar fuera de nuestras consideraciones porque, precisamente, la actualidad de los Estados Unidos cuestiona, por ejemplo, a los policías “gatillo fácil” y la sola idea de un “justiciero” callejero alimentando la noción de que está bien que aquello que nos parezca peligroso debe ser eliminado, no suena como una buena idea. ¿O nos estamos pasando de pacatos?

Eli Roth ha sabido mostrarse como un director versátil e inquieto, prueba de ello es su entretenida adaptación de ‘La casa con un reloj en las paredes’, sin embargo, aquí se ha contentado con un armar una cinta en la que parece más preocupado en explicitar el carácter cruento de la venganza de su protagonista que en darle solidez a sus motivaciones. Quizás el mejor comentario que se haya hecho sobre esta versión 2018 es la siguiente: “It’s vigilante dad rock”. Sí, pues, así se debe sentir cuando uno ve esos programas de persecuciones policiales en el cable: como ver un concierto de Dire Straits tocando temas de 1985. Gracias, pero no, gracias.

(Imagen de portada: Star Films)

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