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Crítica a ‘Hambre de Poder’, cuando Michael Keaton llevó a McDonald’s de “local” a “mundial”.

Crítica a ‘Hambre de Poder’, cuando Michael Keaton llevó a McDonald’s de “local” a “mundial”.

11 de julio del 2017
Por Cristhian Manzanares
Si la vida no te da hamburguesas… cómpralas. Incluyendo el nombre.

Esperar una película entretenida de John Lee Hancock no es para nada un despropósito. A él le debemos más que correctos guiones como ‘Un mundo perfecto’, y haber dirigido con solvencia en títulos tales como 'El sueño de Walt' y ‘Un sueño posible’ (causante de aquel todavía increíble Oscar como Mejor Actriz para Sandra Bullock). Y teniendo a un actor revalorizado como Michael Keaton, pues con certeza podríamos esperar un film con “harta carne”.

En efecto, ‘Hambre de poder’ es un vehículo perfecto para mostrarnos el histrionismo de Keaton, sin embargo, dicho actor aquí peca de unidimensional y atado a la fórmula, pero es también porque la trama se termina inclinando hacia ese espectro, preocupado más en mostrar una historia y unas performances que puedan ser “reconocidas” pero que no aportan mucho al carácter de esta producción.

(Foto: The Weinstein Company)


Aquí Keaton es Ray Kroc, el “fundador” de una franquicia que él no creó, sino los hermanos Dick y Mac McDonald, interpretados en el límite de la caricatura por Nick Offerman y John Carroll Lynch. Kroc es un vendedor cincuentón venido a menos, con nula vida familiar (que básicamente se reduce a su esposa Elle, interpretada por Laura Dern, aquí muy desaprovechada), sin muchos prospectos a futuro, salvo convencerse de que tiene uno, y que llegará, ojalá, pronto. Y eso sucede cuando va al restaurante de hamburguesas de los McDonald y es invitado a ser testigo de su sistema de despacho de comida.

De ahí en más lo que vemos es la historia de un negocio mal llevado por unos hermanos que pecan de inocentes, y un vendedor que se deja llevar por su ambición cueste lo que cueste, aprovechando las circunstancias de los encuentros casuales que va teniendo durante su ascenso. Aquí es cuando esperábamos una historia vertiginosa y apabullante, del enfrentamiento del negocio “old-school” frente a una nueva visión empresarial… pero es solo dimes y diretes al teléfono, y tomar lo que puedas mientras llega por parte de Kroc y su reducido entorno. Keaton se esfuerza en mostrarse inescrupuloso, pero el relato está tratado muy someramente que no nos sentimos ni su cómplice ni tampoco llegamos a odiarlo (y vale lo mismo para los hermanos McDonald).

La gran ironía de ‘Hambre de poder’ es que te va a dejar con ganas de más. Como si fueras corriendo por una hamburguesa doble con queso y solo te dieran apenas unos nuggets…

(Imagen de portada: The Weinstein Company)

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