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Premios Oscar: ¿fue 'Green Book' la Mejor Película del año?

Premios Oscar: ¿fue 'Green Book' la Mejor Película del año?

25 de febrero del 2019
Por Gabriella Botello
Spoiler alert: no.

Green Book sorprendió a todos ayer… Y no por el mejor de los motivos. La cinta, protagonizada por Viggo Mortensen y Mahershala Ali y dirigida por Peter Farrelly, se llevó el Premio Oscar a Mejor Película en la 91° entrega de los galardones dorados de Hollywood… Y francamente, nadie entiende demasiado bien por qué.


Vamos por partes. Hay que ser muy ingenuo para creer, a esta altura, que la Academia premia a la Mejor Película del año meramente por factores estéticos o técnicos: la ética, el timing, las campañas de marketing, el pedido del público, y el barómetro social juegan un enorme papel en la decisión. Y tiene sentido: el premio mayor de la industria no puede apoyarse netamente en el mérito, sino que hay múltiples factores en juego. El Oscar a Mejor Película es un hecho sociopolítico y la influencia cultural tiene un enorme rol en las posibilidades de una película a llevarse el premio que si la cinta es, en efecto, buena o no.

Habiendo aclarado eso, la terna por Mejor Película era bastante complicada. De hecho, competían grandes favoritas del público, como el fenómeno social que fue Black Panther o la aclamadísma Nace una Estrella, la espectacular Roma de Alfonso Cuarón, la impecable sátira real de The Favourite, la impexable, El Infiltrado del KKKlan, y Vice, Bohemian Rhapsody (que nadie entiende qué diantres hace ahí, pero en fin) y la propia Green Book. Y nadie - ni los propios protagonistas- pudieron creer cuando se anunció que Una Amistad Sin Fronteras había ganado el premio mayor.

De hecho, la decisión fue (por decirlo suavemente) bastante polémica. En una noche llena de progreso para la Academia en particular y Hollywood en general, el premio final dejó un gusto amargo en la boca de todos. Es que este premio suena como la encarnación perfecta de la rigidez, la obstinación y la falta de voluntad de la industria cinematográfica para cambiar.


Green Book tiene el registro y la amplitud narrativa de los dramas populares, pensados por y para blancos (y sumamente cómodos) que llegaban a la televisión en la década del ‘80… Algo así como Driving Miss Daisy en versión masculina (como criticó medio mundo): una fórmula repetida hasta el hartazgo que no inspira ni se descontractura, sin mucha carne para roer, ni apuestas creativas que admirar… La ecuación sin vuelo es decididamente poco interesante, pero ese no es el peor de sus crímenes.

Green Book hace un recorte muy simplificado de las relaciones raciales, en particular entre los negros y los blancos en los Estados Unidos en plena década del '60 (sobre todo, teniendo en cuenta de que se trata de un tema aún extremadamente candente en los estados sureños, los últimos en abolir la esclavitud y las leyes de diferenciación racial). Esto despertó enormes críticas, en particular porque hasta la narrativa al microrracista Tony Villalonga (un retrato bastante acartonado de Mortensen) sobre Dr. Don Shirley (interpretado de manera fabulosa por Ali), ambos dos tropos bastante inamovible del italoamericano que come todo el día con su prole y el afroamericano homosexual de trajes impecables.

Y es ahí donde está el reduccionismo básico del guión. Green Book es agradable y te hace salir del cine sin cuestionar el status quo: de hecho, plantea un mundo en el que la gente se abraza y supera sus diferencias con una simpleza imposible en el plano humano (como lo demuestran las tensiones raciales que persisten hoy en el Sur profundo norteamericano). De hecho, el racismo se plantea con tanta delicadeza que es más que mostrar la naturalización del odio racial ante la cara amable en la buena sociedad, sino que podría ser plena falta de compromiso social. El cine -y sobre todo, en esta era- nos debe más que el entretenimiento modélico: nos debe drama, nos debe el conflicto, el odio, los contrarios, y la bondad y la solidaridad que florecen pese a todas esas cosas. No necesitamos espejos de colores, sino esa antigua catarsis que prometía el teatro griego.

Y no es que no hubiera de dónde elegir para seleccionar a una verdadera Mejor Película. De hecho, la competencia estaba absolutamente fuera de la liga de Green Book… Tanto Roma, como The Favourite y BlacKkKlansman fueron sólidas jugadas hacia nuevos nortes narrativos, con una búsqueda estética sumamente innovadora, con estilos de narración, rodaje, y fotografía altamente personales y atrevidos, y tramas frescas que lejísmos están de una reformulación de los viejos mismos cuentos. De hecho, sus temáticas sociales hasta se nos antojan más urgentes (sí: sabemos que estamos hablando de una película ambientada en el siglo XVIII) que cualquier cosa que pudiera plantear Amistad Sin Fronteras. Cuarón, Lee y Lanthimos (¡y hasta Black Panther!) superaron con creces a Green Book.


Y aquí es dónde nos preguntamos por qué ganó. Y es bastante obvio: la Academia no va a premiar a una película de superhéroes o una cinta en un idioma extranjero realizada por un servicio de streaming en un millón de años… La elección de Green Book nos recuerda que la Academia es todavía un boys’ club de la élite blanca y anciana que, lejos de adherir al cambio de era que atraviesa el cine y las urgentes cuestiones sociales que ameritan ser premiadas, se cementa en sus propios vicios.


Imagen de portada: Green Book

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