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Duquesa de la Discordia: Camilla Parker Bowles se une a ‘The Crown’

Duquesa de la Discordia: Camilla Parker Bowles se une a ‘The Crown’

25 de octubre del 2018
Por Gabriella Botello
Y te contamos todo del affaire más tórrido de la corona británca.

Finalmente llegó el momento que estábamos esperando. Con el fichaje de Emerald Fennel a ‘The Crown’, la coronadísima serie royal furor de Netflix, tenemos la confirmación que estuvimos esperando durante tres temporadas: veremos (al menos el principio de) la telenovela de infidelidades e infelicidades que protagonizó el bizarre love triangle Camilla Parker Bowles, Carlos de Gales, y Lady Di.


Y no es para poco. El affaire tórrido entre Carlos y Camilla fue una de las comidillas mediáticas más resonantes de la prensa rosa británica durante 45 años, un régimen de escarnio público durante casi cinco décadas de odio a Parker Bowles. Como para no: es que el Prínicipe Carlos engañó a la niña bonita de Lady Di durante años con la tercera en discordia más famosa de la historia. Y en Fandango te lo contamos todo.


Camilla Rosemary Shand, también es Camilla Parker Bowles y hasta Camilla Windsor, duquesa de Cornualles, y fue insolente desde el comienzo. La rubia arrolladora vio la luz del mundo el 17 de julio de 1947 bajo el rigor de un héroe de guerra y una aristócrata, hija del tercer barón de Ashcombe. Tras los consabidos seminarios en Suiza que le enseñaron a poner la mesa y ser la anfitriona de ensueño, Camilla siguió caminos más elevados estudiando francés y literatura francesa en la Universidad de Londres en París.

La rígida educación militarizada chocaba con los anhelos bohemios de la Camilla. De boliche en boliche y el vaso de gin-tonic de rehén permanente, el humo de sus cigarrillos de fumadora serial y la noche se le anidaron en el cuerpo enchufado de denim. Pese al trabajo elegante en la icónica firma de decoración Colefax & Fowler, la blonda era puro rock n’ rolll envuelto en estilo casual.

Una joven Camilla en una soiré junto a la familia Hambro, pretendiente de Sand circa 1970 (Crédito: Daily Mail).

Una joven Camilla en una soiré junto a la familia Hambro, pretendiente de Sand circa 1970 (Crédito: Daily Mail).


Fue en 1970 que Camilla y el joven Príncipe Carlos -otro amante de las fiestas- se conocieron.Él tenía 23 años y ella 25 y tenía sentido el flechazo: ambos frecuentaban los mismos amigos, círculos sociales, las canchas de polo, y las soirées avant garde. Se convirtieron en amantes rápidamente… En ese contexto, Carlos pediría matrimonio a Camilla. Y ella lo rechazaría: sabía que no era material de Princesa (por ser católica, por no ser virgen, por no ser la perfecta madre de la próxima generación de royals).

Camilla, de cualquier manera, ya tenía el asunto resuelto. El romance on and off con el brigadier devenido en empresario Andrew Parker Bowles, ahijado de la Reina Madre y ex-novio de la Princesa Ana, cuadraba con las aspiraciones matrimoniales de Shand que, obsesionada con su abuela Kepper -que tuvo un affaire con el Rey Eduardo VII- ansiaba casarse bien. Camilla juró fidelidad y amor eterno ante la Iglesia, Estado y país a Andrew en 1973, íntimo amigo de Carlos y exnovio de la Princesa Ana, un perfecto espécimen para la familia de portrarretratos.


Joven y de parranda, la personalidad de Camilla era de las más atractivas del reino para Carlos (Crédito: The New York Post)

Joven y de parranda, la personalidad de Camilla era de las más atractivas del reino para Carlos (Crédito: The New York Post)

El cuento de hadas se desintegró con rapidez: el infiel compulsivo de Parker Bowles no cuidaba de su esposa y, engañándola descaradamente con sus amigas y las de ella, la frustración la empujó nuevamente a los brazos de Carlos: la profundidad de su relación se afianzaba con los días y los encuentros secretos en el palacio.

El affaire, lejos de los ojos del público, floreció amorosamente. Para 1975, Camilla esperaba su primer hijo y se veían constantemente: no solo sería el Príncipe el padrino de Tom, el niño Parker Bowles, sino que la excusa de la caza en Badminton los uniría varios meses al año. O así fue hasta que apareció Diana Spencer, la virginal chic que con 19 años aparentaba tener todas las cualidades que la royalty quería sumar a su imagen pública, y con ella, las presiones de la Corona, aparecieron nuevamente en escena.

Carlos y Camilla saliendo de una noche juntos en West End, donde bailaban juntos por horas sin importarles las miradas de nadie más (Crédito: The Sun)

Carlos y Camilla saliendo de una noche juntos en West End, donde bailaban juntos por horas sin importarles las miradas de nadie más (Crédito: The Sun)


Los vericuetos del matrimonio real son harto conocidos: en retrospectiva, era obvio que Carlos no estaba enamorado de Diana, pero las presiones familiares apuraron el matrimonio y, pese a solo haberse visto unas trece veces antes, el Príncipe y Spencer se casaron en 1981 entre las lágrimas compungidas de los días previos. Con el mundo rendido ante la historia de amor, nadie notó a Camilla en el bajofondo vestida de blanco el día de la boda o la manera en la que Diana jamás juró obedecer a Carlos.

La luna de miel duró poco: según dijo la propia Diana años después, había tres en el matrimonio. Pese a que el nacimiento de William cicatrizó alguna de las rispideces, el sosiego duró poco. Para cuando Harry llegó al mundo, las relaciones sexuales reales se detuvieron completamente y las tensiones maritales ya empezaban a ser notorias para el mundo.


Lady Di y Camilla saliendo de un partido de polo circa 1982 (Crédito: Getty Images)

Lady Di y Camilla saliendo de un partido de polo circa 1982 (Crédito: Getty Images)

En el interín, Carlos exigía al personal de la residencia oficial que Camilla fuera tratada como su amante: con un cuarto asignado para ella y un elaborado sistema de alarmas y engaños para simular que su presencia allí no tenía que ver con un affaire con el Príncipe, los encargados de la limpieza debían, entre otras cosas, vaciar los ceniceros de la fumadora compulsiva, abultar las sábanas de la cama en la que Camilla no dormía y hasta limpiar las marcas de rouge de los vasos. Incluso, los rumores afirman que el mismísimo Carlos se ocupaba de que los compromisos militares de Parker Bowles lo mantuvieran lejos de casa durante meses. Pero la discreción no fue suficiente. Diana eventualmente lo supo todo.

La confrontación no se hizo esperar. “Camilla: solo quiero que sepas que sé exactamente qué está sucediendo entre Charles y tú. No nací ayer”, le espetó en una ocasión Diana, según el biógrafo Christopher Andersen. Tienes todo lo que podrías desear: tienes a todos los hombres del mundo para que se enamoren de ti, tienes dos hermosos hijos, ¿qué más quieres?”, le demandó Parker Bowles en respuesta.... Y Diana no lo toleró. “¡Quiero a mi esposo!”, espetó.

Para 1992, la relación entre Carlos y Camilla llegó a todos los diarios y desde entonces no hubo paz. La vergüenza de la monarquía y el dolor de Diana hicieron primera plana y Camilla pasó a la notoriedad como “la otra”. Prisionera en su casa, repudiada por el país, la relación entre ella y Andrew Parker Bowles culminó en divorcio en 1995, meses antes de la resonante separación mediática en agosto de 1996 de la pareja real -cuatro años después de oficializar su disolución como pareja. Según los medios de la época, para 1996, Carlos comenzó a enviarle 28 rosas a diario… Una alusión al día en el que ambos serían libres: el 28 de agosto de 1996.

La visita a Corea señaló el final de la relación: ya ni siquiera podían mirarse. (Crédito: The Sun)

La visita a Corea señaló el final de la relación: ya ni siquiera podían mirarse. (Crédito: The Sun)



La muerte de Diana el 31 de agosto de 1997 en un trágico accidente automovilístico desbarató todos los planes. El luto negó la visibilidad de la pareja y, por propiedad, el anuncio oficial de su relación debía esperar. Solo en 1999 hicieron su primera aparición conjunta en el London Ritz entre el repudio popular y el enojo de la Corona. Pero finalmente estaban juntos. Y, esta vez, Carlos no temía a las opiniones de su familia.

Cuarenta y cinco años después de haberse conocido, el noviazgo más largo de la historia real llegó a su fin. A los 58 de ella y 57 de él, los amantes se casaron en una ceremonia religiosa civil que no contó con la presencia de la reina. Los carteles de repudio se mezclaron con un pedido de absolución por sus pecados del pasado en una ceremonia de bendición religiosa, pero nada importaba: el 9 de abril de 2005, Carlos y Camilla finalmente se casaron ante los ojos del mundo que les había prohibido estar juntos.

La feliz pareja.  (Crédito: Beaumonde)

La feliz pareja. (Crédito: Beaumonde)

A doce años del matrimonio real, Camilla sigue bordeando el status de outsider y la aceptación. El duro trabajo en su imagen, vestuario y relación con la prensa mejoró su peso específico en la opinión pública, pese a que el perdón por no ser Lady Di aún no llega. En Buckingham, no obstante, pasó de paria, a reemplazo de Diana a finalmente convertirse en Duquesa. Pese a que nada excusa la infidelidad, nada tampoco debería permitir la infelicidad. Diana, Carlos y Camilla pagaron el costo ritual de no obedecer sus deseos (algunos más que otros.

 (Crédito: Canada.Com)

(Crédito: Canada.Com)


Con el estreno de The Crown a la vuelta de la esquina, estamos seguros de que veremos algo de todo esto en la pantalla de Netflix. Restará esperar hasta 2019 para ver qué cómo se retratará uno de los amoríos más resonantes de la historia real británica.



Imagen de portada: Daily Mail.

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