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Crítica de 'Doctor Sueño': La tortuosa vida de Danny Torrance

5 de noviembre del 2019
Por María Paula Ríos
Flanagan logra resplandecer con una secuela digna de las obras de Kubrick y Stephen King.

En verdad que Mike Flanagan no tuvo una tarea nada fácil al dirigir Doctor Sueño ¿Por qué? Es una secuela nada menos que de El Resplandor (1980), una de las obras maestras de Stanley Kubrick, y la transposición de una novela de Stephen King. Pero vale destacar que a su modo, el creador de la exitosa serie La Maldición de Hill House, sale airoso. Y esto no es poco señores.

La trama gira en torno a lo sucedido tras los trágicos y paranormales eventos ocurridos en el Hotel Overlook. Lugar maldito en el que Jack Torrance (inolvidable Jack Nicholson), se vuelve loco de atar e intenta a asesinar a su familia; a su mujer y a su hijo Danny. A pesar de que Kubrick plantea un thriller psicológico dejando poco margen para lo fantástico, si queda en claro que el pequeño Torrance tiene una especie de don predictivo... resplandece.

Y es así que después de un breve racconto de la niñez de Danny Torrance (Ewan McGregor), saltamos hacia su adultez. No encontramos con un hombre adicto al alcoholismo, en el límite. Lo nefastos incidentes de su infancia lo han marcado de por vida, así como su don resplandeciente que ha tratado de ocultar, guardando fantasmas en cajitas imaginarias. Cuando decide “limpiarse” y comenzar de nuevo, se conecta mentalmente con Abra Stone (Kyliegh Curran) una adolescente con sus mismos poderes, que ha descubierto a un grupo de crueles y antiguos inhumanos.



Rose the Hat (Rebecca Ferguson), lidera al malvado grupete que ansía tener existencia eterna a expensas de alimentarse del temor y el dolor de estos seres especiales. Inevitablemente, Danny y Abra, se deberán unir para detener la amenaza, aunque esto cueste perder seres queridos en el camino. Muy al estilo Flanagan, aquí lo sobrenatural y lo fantástico cobra sentido, sin miedo a coquetear con efectos especiales y seres vampíricos.

Mientras la narración se aferra a la esencia de la novela de King, vale reconocer que el director sabe cómo crear climas tensos y terroríficos. También veremos hartas referencias de El Resplandor; pero aquí, en vez de una locura per se inexplicable, las personas practican telekinesis y están imbuidas en una especie de estado onírico. La cinta a su vez funciona como todo un drama que reflexiona acerca de nuestra finitud, la redención y las huellas que dejan los actos de nuestros padres, en nuestras vidas.

Festejamos el hecho que Flanagan pone de manifiesto su impronta, en una historia clásica que ya tiene arraigada toda una mitología y elementos simbólicos del horror, como el hacha, el laberinto, las mellizas, el hotel… este último sitio karma de Danny Torrance, donde se originó su trauma. Vale la pena volver a transitar los pasillos de este lugar maldito, a través de una secuela correcta y digna.

(Foto de portada: Warner)




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