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Crítica a ‘Sicario: Día del Soldado’: cuando caducan los recursos [SPOILERS]

Crítica a ‘Sicario: Día del Soldado’: cuando caducan los recursos [SPOILERS]

28 de junio del 2018
Por Lorena Carbajal
Dirigida por Stefano Sollima, la secuela del aplaudido thriller policial, no le llegó a la altura.

‘Sicario: Día del Soldado’ es la secuela de ‘Sicario’, film de 2015 que fascinó por su visceralidad y admirable montaje. Aunque la primera fue dirigida por el hoy afamado Denis Villeneuve, lo cierto es que esta secuela no logra ni apenas asemejarse.

Josh Brolin y Benicio del Toro regresan en los papeles de Matt Graver y Alejandro Gillick, respectivamente. Pese a la ausencia de Emily Blunt, la cuota femenina en esta segunda parte llega a cargo de Catherine Keener e Isabela Moner. Mientras que el personaje de Keener pasa completamente desapercibido, es la joven con ascendencia peruana quien se lleva las palmas.

Taylor Sheridan vuelve también en el cargo de guionista, pero no nos ofrece una secuela habitual. En lugar de continuar la historia de la incesante guerra entre carteles de droga y las fuerzas de la DEA, ‘Sicario: Día del Soldado’ termina convirtiéndose en una película de enredos familiares.

De la constante inquietud que provocaba el thriller de 2015, hoy no queda nada. Aunque no contribuye demasiado en la trama, la película logra uno de sus picos en los primeros 15 minutos de metraje. Una persecución y posterior atentado terrorista son el inicio para poner en marcha la nueva misión del personaje de Brolin.


Josh Brolin, Jeffrey Donovan y Benicio del Toro en 'Sicario: Día del Soldado'. Crédito: Lionsgate.

Josh Brolin, Jeffrey Donovan y Benicio del Toro en 'Sicario: Día del Soldado'. Crédito: Lionsgate.


Matt Graver es el tipo de personaje al que no le interesan los líos políticos. Si debe organizar sangrientos operativos fuera de Estados Unidos, no le temblará la mano por un segundo. Él está entrenado para interrogar, investigar, y por qué no, torturar. “Esto es África, puedo hacer lo que quiera", dice en una de las primeras escenas. Y desde ahí entendemos que no hay punto de retorno en lo que queda de película: ‘Sicario: Día del Soldado’ ya no se centra en los líos de narcotráfico, sino en la vulnerabilidad de los derechos de cada individuo.

La película sigue dos líneas paralelas que eventualmente logran un punto común casi por el final. Por un lado tenemos a Matt y Alejandro secuestrando a la hija de un capo mexicano para desatar así una guerra entre carteles, y por otro, al joven Miguel Hernández (Elijah Rodríguez), un adolescente mexicano-estadounidense que se une a una pandilla de tráfico de personas. “Hagamos lo aprendido en Irak”, les dice Matt al Secretario de Defensa y a sus jefes. Lo que traducido a una estrategia militar sería: “divide y vencerás”.

Mientras que Miguel va uniéndose a los sicarios que pasan inmigrantes por la frontera, Matt y Alejandro, como salidos de un episodio de ‘24’, logran de forma violenta abducir a Isabel Reyes (Isabela Moner). De más está decir que los planes no salen como lo acordado, desatándose una carnicería de por medio. Pese a que la película debería ajustarse a conflictos militares e incluso políticos luego del secuestro, sus verdaderas motivaciones pasan por un plano personal.


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Benicio del Toro y Josh Brolin en 'Sicario: Día del Soldado'. Crédito: Lionsgate.


Isabel sospecha rápidamente que su secuestro no es más que una argucia para lograr desestabilizar el cartel liderado por su padre y cuestiona las habilidades de Alejandro en reiteradas oportunidades. “¿Los militares también saben hablar con señas?”, le pregunta la joven. Alejandro, recordando su pasado y sin nada que perder, responde que sabe ese lenguaje porque su hija era sorda. La conciencia de la adolescente, bien representada por Moner, hace que caiga en cuenta que su único protector es precisamente el hombre a quien su padre le exterminó a la familia.

Finalmente, lamentamos decir que aunque la tensión en ‘Sicario: Día del Soldado’ debería encontrarse latente, no lo está. Por momentos, aunque los recursos musicales intentan emular a lo hecho por el fallecido compositor Jóhann Jóhannsson en la predecesora, estos solo terminan por adornar escenas sin aportar ni ritmo ni incertidumbre.



(Imagen de portada: Lionsgate)



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