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Critica de 'Pet Sematary': Olor a muerte

Critica de 'Pet Sematary': Olor a muerte

4 de abril del 2019
Por María Paula Ríos
¡No cruces la ruta Gage!

Del momento que nos enteramos que Pet Sematary iba a tener un remake, vale reconocer que nuestras expectativas no eran demasiado alentadoras. ¿Era necesario otra adaptación cinematográfica de una de las novelas más perturbadoras de Stephen King? La de los años ochenta fue bastante efectiva en cuanto a climas, y también imprimiendo en el imaginario social el recuerdo imborrable de un niño tan pequeño volviendo de la muerte, modo full killer.

Y hay que reconocer que la nueva versión, dirigida por Kevin Kölsch y Dennis Widmyer, logra mantener el espíritu de la novela y darle una vuelta de tuerca a la historia, cinematográficamente hablando. Agrega detalles funcionales al relato, así como logra fundar otro tipo de tensión diferente a la primigenia, poniendo nuevos intereses en juego. La historia sigue a una familia que se muda a un pequeño pueblo de los Estados Unidos, más precisamente a una casa ubicada al costado de la ruta, alejada de la mundanal ciudad.

Una vivienda hermosa, con un terreno extenso y boscoso. El doctor Louis Creed (Jason Clarke), es el padre de familia; Rachel (Amy Seimetz) su esposa; Ellie (Jeté Laurence) la hija de ambos; también están el pequeño Gage y Church, el gato de la familia. En medio de tanta tranquilidad comienzan a suceder cosas extrañas, como descubrir que detrás de su casa hay un tenebroso cementerio de mascotas. Louis tiene pesadillas con un paciente que se murió en sus brazos (que también puede ver el bebé Gage), así como Rachel sufre ataques de pánico recurrentes, relacionados a un hecho traumático de su niñez.

Evidentemente algo anda mal. Y todo empeora cuando muere atropellado el pomposo Church, quien volverá de la muerte modo zombie, más diabólico que nunca, y por supuesto que no vamos a exponer la razón. El remake cuenta con muy buenas actuaciones, a destacar la joven Jeté Laurence, tan asertiva y sórdida como perturbadora y angelical; mientras que la historia está cimentada en argumentos más mentales, con una puesta en escena que configura el ambiente enrarecido a la perfección.

Se pone en juego la psicología de los personajes vinculada con el lugar, un protagonista más de la cinta. Un lugar que de a poco va consumiendo a cada miembro de la familia, a la par de un clima cada vez más opresivo y angustiante. Rituales, tragedias personales y mitos indígenas… todos símbolos ligados a la pregunta existencial que rodea el fenómeno de la muerte, y a ese eterno terror a que los recuerdos desaparezcan. Sin dudas esta adaptación le hace justicia al material original escrito por nuestro master of horror.

(Foto de portada: UIP)



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