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A propósito de 'Roma': una reflexión del gen Cuarón que vuelve a sus raíces

A propósito de 'Roma': una reflexión del gen Cuarón que vuelve a sus raíces

16 de agosto del 2018
Por Gabriella Botello
Es una "cuaroneada".

Ya lo sabemos: Alfonso Cuarón es el fetiche latino de Hollywood. Y con razón. El mexicano que conquistó nuestro corazón con Y Tu Mamá También demostró su desbocada versatilidad con producciones indie a estilo Children of Men y mega blockbusters de la talla de Harry Potter o Gravity. Y ahora parece que lo hace de nuevo con Roma, su proyecto más personal hasta la fecha y que nos demuestra por que el realizador es uno de los directores más interesantes de su generación.


La íntima intensidad de Cuarón se estira en 35 mm blancos y negros. Roma es una exploración de método, forma, y narración que ya aprendimos a esperar del director que nos trajo la revolucionaria Gravedad. De una potencia visual visceral, su nueva cinta es todo lo personal que podíamos pedir. Es que vamos: Roma está -en palabras del realizador- inspirado en las mujeres que lo criaron en su México natal.


Debe ser por eso que la acción arranca en plena ebullición de los revolucionarios ‘70 que cuestionaron profundamente el entramado de las jerarquías socio-raciales. Tambén por eso debe ser que lo vemos tan cerca: en plena explosión política, Cuarón elige la historia mínima de Cleo, una criada de una familia de clase media en el barrio de Roma, y los conflictos domésticos que surgen de cara a la Masacre del Jueves de Corpus de 1971 en la que murieron 120 personas.


Irreductible, simbólica y minimalista, el tráiler de Roma nos muestra la lucha, la revolución, el circo, el amor, y la esperanza de la generación setentista. Sorprenden los planos íntimos, nos quitan en aliento los planos generales de una México real e insoportablemente viva. Hay un tour de force disparos, hay asentamientos de emergencia, hay limpieza con agua jabonosa, mar, y una espectacular revolución en las calles. Cuarón no tiene más concesiones que la belleza simple y real de su fotografía impecable.

Y no debería sorprendernos tamaño talento. En su madurez, Cuarón se mantiene como un esteta virtuoso que sigue buscando nuevas maneras de narrar. En un mundo plagado de remakes y producciones masivas, Alfonso vuelve a ser disruptivo volviendo a registros antiguos que se anclan no solo en el uso del blanco y negro, sino de retornar al 35 mm. como formato elegido para esta historia.

Y no se trata tanto de adaptabilidad sino del verdadero gen Cuarón: la constante búsqueda de nuevos encuadres para narrar su historia. Desde Y Tu Mamá También y su entrecruze visceral de narrativas, pasando por Niños del Hombre y sus planos secuencia de cámaras en mano que se ensangrentan, por un cambio sonado de estilo para la masiva Harry Potter, hasta la verdadera epopeya espacial de Gravity, sin dudas una oda a que la forma también es el fondo.

En esta ocasión, más mínimo, íntimo y matriarcal, Cuarón demuestra que vuelve a dar vuelta a la tuerca cinematográfica no sólo con los cambios narrativos, sino que también apuesta a un estreno por la patalla del streaming de Netflix, una decisión atípica de un director de su talla sobre todo teniendo en cuenta su éxito en La Mostra de Venecia.

Pero es lo que aprendimos a esperar de él: a no esperar nada y ser sorprendidos. Cuarón -a diecisiete años del estreno de Y tu Mamá También- demuestra que sigue teniendo nuestro corazón en su manga y en su increíble manera de narrar con esta espectacular vuelta a sus raíces.


Imagen de portada: Netflix.

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