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#22FCL: Conversamos con Cristóbal Valenzuela, director de ‘Robar a Rodin’

9 de agosto del 2018
Por Cristhian Manzanares
"Yo nunca voy a saber realmente qué pasó esa noche después del robo"

Hubo una noche del 2005 en Santiago de Chile en que "El torso de Adèle", escultura del francés Auguste Rodin, desapareció sin rastro del Museo de Bellas Artes. La pieza había sido sustraída, nos enteraremos luego, por un estudiante, Luis Emilio Onfray Fabres, pues esta acción se trataba de una performance artística. Una que trataba de cuestionarse si una obra de arte está presente y ausente al mismo tiempo "no estándolo". El debate se abre, la mofa asoma, y cómo no, la condena se instala. Este es el escenario sobre el cual circula el documental 'Robar a Rodin' de Cristóbal Valenzuela.

El documental se hace muchas preguntas, y se las hace a muchos involucrados en este hecho, incluyendo el propio muchacho que sutrajo la pieza. ¿Será que en efecto "la pérdida trae de nuevo a la memoria lo que no está"? Es lo que trata de descifrar el director, y sobre eso conversamos en esta amena entrevista:


Cristóbal Valenzuela

Cristóbal Valenzuela: "Lo que me interesa de la película son más las preguntas que las respuestas".


Fandango: La película tiene un tratamiento interesante e inteligente, donde vemos lo que pasó con mucho humor, y tienes mucho tino para agregar muchas voces, para no quedarnos en el blanco y negro, sino para apreciar todas las posibilidades. Cuéntanos cómo fue ese proceso para llegar a este encuentro de voces.

Cristóbal Valenzuela: Claro, la película se mueve en tres líneas: La primera es la policial, porque este es un caso policial. La segunda es la comedia, era muy difícil contar la historia de forma seria, la comedia está implícita en todo el relato. Y en la tercera línea hay preguntas sobre arte, de temática artística, cuál es el límite del arte. Esas tres líneas estuvieron presentes desde antes de grabar, desde el guion.

En el año 2005, cuando pasó el robo, yo estudiaba en la misma universidad del ladrón –no lo conocía. Fue muy cercano, y en ese tiempo yo estaba muy interesado en el arte contemporáneo, pero me sentía muy frustrado ya que sentía que no lo entendía. Cuando pasó esto, en Chile en su momento nadie le dio la posibilidad que esto pudiera ser una acción de arte. Me preguntaba… No es que yo diga que sea una acción de arte, pero si llegase a serlo, sería una obra súper interesante. ¿Por qué no puede ser una obra de arte? Esa pregunta me fue creciendo, y finalmente decidí hacer la película.

Fandango: Justamente esa venía a ser la siguiente pregunta. Al ver la primera parte del documental, la “policial”, uno dice "wow, qué noticia tan increíble", pero como director ¿en qué momento dices “esto tiene que ser un documental, hay una historia ahí que contar y saber que no se ha visto”?

CV: Cuando decidí hacer el documental, estaba estudiando mucho sobre guion. Revisando su historia me di cuenta que tenía un potencial increíble como policial, como comedia, y también como base para hacernos estas preguntas culturales. La historia es extrañísima y extrañamente en Chile todo el mundo se había olvidado, nadie se dio cuenta del potencial de esta historia como película. Esto pasó el 2005, y estuvo en toda la prensa por una semana, y después desapareció… y el artista desapareció también. Nadie lo conocía, nadie sabía qué había hecho, ni antes ni después. Decidí lanzarme, y a medida que más investigaba, más cosas fueron surgiendo. El proceso de investigación fue muy largo, fueron aflorando más y más temas, y la película se fue enriqueciendo. La película tiene dos partes, la policial que es más rápida, y la segunda es un intento de comprender a la persona.

Fandango: Precisamente sobre Onfray Fabres, hay hasta 3 momentos de entrevistas.

CV: Hay una diferencia como de una año entre la más antigua y la última.


Robar a Rodin 1

Cristóbal Valenzuela: "Yo todavía no sé si lo que me decía Emilio era real o era mentira" (Imagen: María una vez)


Fandango: ¿Qué sentías que no te había dicho la vez anterior para seguir buscándolo?

CV: Me costó mucho encontrarlo porque se había cambiado de nombre. Partí investigando en la prensa, y siempre se hablaba de Luis Onfray, y Luis Onfray no existía. Después supimos por conocidos que se había cambiado a Emilio, se llamaba Emilio Fabres (cambio del primero al segundo nombre, y de su apellido paterno al materno).

Fandango: Claro, por todo ese tema con su padre.

CV: Él accedió muy rápidamente a hacer la película. Yo creo que fue porque pocas veces lo habían tomado en cuenta como artista. Dijo “ya, al tiro”. Pero no es un gran orador, le costaba hilar la idea… y tiene muletillas, decía una palabra… y cada cinco la repetía. Me di cuenta que la película no se sostenía si solo él era el personaje principal. Por eso decidimos hacer una película “coral”, con múltiples voces. Lo teníamos a él, pero también teníamos al abogado, a los artistas, al policía, a la gente del museo, la gente de Francia. Al final fue un relato de todos los implicados. Además, Emilio era completamente impredecible, y si él decidía no participar más, igual podía hacer la película. Por eso se hicieron varias, creo que hicimos cuatro entrevistas con él, y pudimos mezclarlas para poder darles mayor dinamismo a su relato.

Fandango: Uno de las ideas que muestras es que para algunas personas el arte es difícil de comprender, más allá de la postura que tenga el artista. ¿A nivel personal, te enfrentaste a algún tipo de prejuicio al momento de tratar de entender esas motivaciones?

CV: Cuando conoces a Emilio, es inevitable sentir prejuicio, porque es… mitómano. Yo nunca supe –o todavía no sé– si lo que me decía era real o era mentira. La película no se interesa en posicionarse y decir “esto fue una acción de arte” o “es todo mentira y es un simple ladrón”. Lo que a nosotros nos interesó en la película era contar este caso desde todos los puntos de vista posible, y que fuera el mismo autor el que vaya generando su propia opinión. Y al terminar la película –ahora nos ha pasado– la gente dice “este es un ladrón, un mentiroso, no se le puede creer nada”, y otros dicen “es un gran artista, un héroe, un revolucionario”. Y en mi visión… para mí es las dos cosas, él es un ladrón y un artista.


Robar a Rodin 2

Cristóbal Valenzuela: "Los franceses son los que más validan a Emilio, y en Chile era una vergüenza nacional". (Imagen: María una vez)


El arte contemporáneo está en una nebulosa. Es tan conceptual, es tan difícil de entrar… Este personaje era particularmente difícil, y las dudas siempre van a quedar. Yo nunca voy a saber realmente qué pasó esa noche después del robo. Hay una escena que se cuenta en varias versiones de lo que pasó esa noche, y mientras mostraba la película en Chile ¡me seguían llegando más versiones! En un punto decidimos que la verdad y la mentira ya no eran tan importantes en la película. Por eso se mezcla con la ficción, estas recreaciones. Lo que me interesa de la película son más las preguntas que las respuestas.

Fandango: Tú también eres docente. Para aproximarnos a un documental, ¿cuál consideras el punto de partida para un proyecto como este?

CV: En documental, para mí, la investigación es fundamental. Mientras más conoces un tema, más libertad tienes para tratarlo. Yo he visto documentales de gente que se ha lanzado sin hacer mucha investigación, y los proyectos se han desarmado en el camino. La investigación en el documental te da libertad. ‘Robar a Rodin’ fue un proceso de seis años, y los primeros dos años fueron investigación total. Por eso al momento de las entrevistas yo ya sabía todas las respuestas. Tenía que simular mucho para sorprenderme [ríe], era 10% de sorpresa. Yo ya sabía más o menos qué quería que me respondiera cada personaje.

Y en cine en general, la clave es ser obsesivo [ríe] y persistente, mucha gente se rinde en la mitad del camino porque no se ganan un fondo. En Chile yo lo logré hacer con fondos públicos. Hay que insistir, insistir, armar un equipo…

Fandango: ¿Ayuda tener un personaje como Emilio…?

CV: [Ríe] No sé si él ayudó mucho. Trabajar con él fue muy difícil, muy difícil… se creía medio rockstar con todo esto. Pero lo que jugó a favor nuestro fue el poder de la historia. Fue una historia muy extraña y muy interesante, que tenía muchas posibilidades de lectura.

Fandango: Es cierto, había momentos que no los creías.

CV: Pueden parecer inventados.

Fandango: Pero sentías que podía haber pasado tranquilamente en cualquier lugar de Latinoamérica.

CV: De hecho, había algo que nos interesaba en la película que es esta relación entre Primer Mundo y Tercer Mundo. La gran cultura está en el primer mundo, y nos llegan estas cosas… Y me interesaba esta relación entre Francia como el cielo y Chile… y esa relación también se aplica a toda Latinoamérica.

Fandango: Además, incluso en la forma de sus declaraciones: sobrios, concretos, al punto. Y Emilio y el resto de personajes eran más efusivos.

CV: E interesante que los franceses son los que más validan a Emilio, y en Chile era una vergüenza nacional.

Fandango: Ahí también está el tema de “si es Europeo, debe saber”, algo muy latino también.

CV: La película también se toma el caso que Rodin mandó obras a Chile cuando él no era famoso, y Chile dijo que no, “esto no está dentro del canon del momento”; y después Rodin se hizo famoso y Chile se arrepintió, “¡cómo pudimos haber rechazado esto!”. Chile está observando lo que pasa afuera y ahí validan lo que pasa adentro. Por eso creo que la película ha conectado con un público latino.


Robar a Rodin 3

Cristóbal Valenzuela: "En un punto decidimos que la verdad y la mentira ya no eran tan importantes en la película". (Imagen: María una vez)


Fandango: ‘Robar a Rodin’ es un documental muy entretenido, con una historia bien llevada, bien contada, bien documentada, y hay este elemento de humor, que me gustaría conversar contigo. Tuviste un material tan bien editado, las situaciones jocosas están bien colocadas. ¿Cómo enhebraste todo esto?

CV: Esta película tiene múltiples capas de lectura. Quería que fuera como una especie de collage. Hay tomas de ficción, noticieros, recreación. En cuanto a la comedia, ella siempre estuvo en la historia; a medida que investigaba, la gente se moría de risa, “¿te acuerdas? Jajaja”, con carcajadas siempre. La comedia era natural a la historia. Yo soy seguidor de comedia, veo mucha comedia, en literatura, en cine... Agarramos esta comedia natural de la historia y la potenciamos en el montaje. También busqué un editor que tuviera muy buen sentido del humor para que nos ayudara a potenciarla. Pero todo el tema era atractivo para hacer comedia. El montaje duró año y medio, y llega un punto en donde uno ya se olvida de todo el humor. Cuando la estrenamos en Chile en el SANFIC en agosto del 2017, la gente moría de la risa y no entendía por qué la gente se reía tanto [ríe]. Al final resultó más divertida de lo que yo esperaba.



(Imagen de portada: María una vez)

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