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No hay lugar como el hogar: después de 13 años, finalmente se recuperaron los tacones de 'El Mago de Oz'

No hay lugar como el hogar: después de 13 años, finalmente se recuperaron los tacones de 'El Mago de Oz'

5 de setiembre del 2018
Por Gabriella Botello
Los zapatos de Dorothy habían sido robados en 2005 del Judy Garland Museum.

Parecía sacado de una pesadilla particularmente demencial con asesinatos, brujas malas, tornados brutales, leones rugientes, robots parlantes, magos porfiados. Es que cuando los tacones rubí icónicos que usaba Dorothy en El Mago de Oz fueron robados del museo Judy Garland en Grand Rapids, Minnesota, no podíamos chocar los tacos de nada para volver a casa. Pero, después de 13 años, la cosa finalmente se solucionó. Si bien no volvimos a Kansas y no sabemos dónde está Toto, lo que sí encontramos fueron los zapatitos de lentejuelas rojas.


Vamos por partes. Primero y principal: si no viste El Mago de Oz y jugaste a salticar cantando tus emociones y todo lo que ves por el caminito de ladrillos amarillos, es que no has tenido infancia. Menos que menos si no has intentado convertir a tus mejores amigos en perrito, espantapájaros, hombre de hojalata y león, respectivamente.


Pero en caso de que hayas sido un ermitaño y no hayas visto esta joya del Technicolor, deberías saber que los zapatos rojos de la protagonista Dorothy - en la piel de Judy Garland -son bastante elementales a la trama. Amén de ser una pieza de estilo de lo más fashionista, Dorothy se ponía los zapatos rojos y chocaba los tacos diciendo “No hay lugar como el hogar” para volver a su Kansas natal.


De más decir, que la producción de El Mago de Oz jamás habrían tenido solo un par: de hecho, existieron cuatro copias de este accesorio a lo largo del rodaje. Dos de ellos, están en museos; el tercero, en manos de un coleccionista privado; y el cuarto, en el poder de Michael Shaw que, a su vez, se los prestó a Judy Garland Museum… De donde fueron subsecuentemente robados en 2005.

En un robo de película, el criminal logró evadir la seguridad del museo, desconectó las cámaras y las alarmas, y entró a través de una pequeña ventanita para robarse los tacones. El caso fue tan sonado que hasta el FBI metió mano en el asunto al punto de que trece años después finalmente dieron con los zapatos perdidos.

Según reportó The Telegraph, se trató de una alerta anónima que avisó al FBI de Minnesota donde podían encontrarlas. Afortunadamente, parecería que los tacones eran tan icónicos que se impidió su venta en los circuitos de coleccionistas para no revelar el hurto. De momento, se sigue investigando la identidad de los criminales involucrados en este robo, lo que sin dudas será un alivio para Shaw.


Imagen de portada: Judy Garland Museum.

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