Por qué merecemos una cuarta temporada de 'Twin Peaks'

Gabriella Botello · sucucho

Publicado el 26 de marzo del 2020

La serie de David Lynch es una de las mejores para ver en cuarentena y lo último que nos falta es una nueva 'The Return'.

Está sucediendo de nuevo. Twin Peaks, el psycho trip de David Lynch, tiene el cinturón de Peso Pesado de la royalty televisiva con un cóctel molotov de horror simbólico, telenovela made in Latin America, calidad artística, guiones LSD versión pesadilla, y trance visual marca registrada Lynch. Con tres temporadas impecables, lo único que no tiene el hito cultural que son los picos gemelos es una cuarta temporada. Y, la verdad, nos lo merecemos.


Desde el minuto cero en el que el cadáver de Laura Palmer apareció envuelto en plástico en la orilla de un lago al norte del estado de Washington en 1990, el misterio nos tomó de rehén. La serie se catapultó en meros 29 episodios y un piloto del suspense sci-fi a una colosal meditación junkie, trascendental, interdimensional, psicodramática, salvaje e indudable pieza de culto televisiva. La soap opera paranormal, con personajes de una sensibilidad deslumbrante y una increíble voluntad de capitalizar lo extraño, es un hito cultural televisivo.


Tan maravillosamente extrañas como las dos temporadas originales de Twin Peaks a menudo podían ser, muchos fanáticos de la serie no estaban del todo preparados para lo que Lynch nos trajo en 2017. Veinticinco años después de la dream sequence en la que Laura Palmer prometió volverse a encontrar al Agente Especial Dale Cooper, el Oráculo Peaks se cumplió bajo el signo de The Return, la tercera temporada en la que Mark Frost y David Lynch volvieron al macroverso Twin Peaks.

Leland Palmer twin peaks bob wanted

Crédito: ABC


El tema es que el regreso tuvo poco que ver con Dale Cooper hablando de malditas tazas de café, los tiernos besos teens de Audrey Horne, los drag kings chinos, y dream sequences inocentes. La tercera temporada de Twin Peaks se puso oscura en serio. El fuego caminó con nosotros para reentender, resimbolizar, recapitular, repetir, y re-hypear a los picos gemelos (e intentar hacer sentido en tanto caos discursivo) después de 25 años de silencio marca registrada Lynch.

El Regreso fue salvaje, profundamente simbólico, complejo y técnicamente superior, con la tecnología a servicio del relato de Lynch. Hay Judys, hay explosiones atómicas, hay Nine Inch Nails tocando en vivo, y un Dale Cooper/Mr. J/Dougie tricéfalo. Es decir, es una locura.

El final de la tercera temporada de Twin Peaks ve al agente del FBI Dale Cooper (Kyle McLachlan) que intenta viajar en el tiempo para evitar el asesinato de Laura Palmer (Sheryl Lee). El plan fracasa, pero Cooper encuentra a su doble en Odessa, Texas: una camarera llamada Carrie Page. Dale convence a Carrie de que lo acompañe a Twin Peaks y regrese a la casa de Palmer, solo para encontrar a alguien que nunca haya conocido viviendo allí, y el episodio termina con Carrie replicando el grito de Laura, seguido de la oscuridad.


Cliffhangers si los habrá… David es un fanático de dejar sentidos abiertos y este finale es un clásico final abierto made in Lynch. Si bien el consenso popular es que Cooper está atrapado en un loop en el que intenta salvar a Laura (y fracasa), convengamos que en términos dramáticos no es muy satisfactorio.

Los fanáticos que resistimos junto a Twin Peaks durante los últimos 30 años (y eso incluye a Josie Packard dentro de la manija de una mesita de luz; Nadine Hurley con superfuerza y creyendo tener 16 años y a Ben Horne recreando la Guerra Civil estadounidense) merecemos más. Algo como un cierre. Y eso que ya tenemos la suficiente tolerancia a la frustración para tolerar que no todo misterio deba ser resuelto. En todo lo que a Twin Peaks concierne, la contestación más satisfactoria suele ser la que más nos cuadre con nuestro propio mundo interno. Peor queremos más.


Queremos más de esa increíble atmósfera, la espectacular música de Angelo Badalamenti, los personajes tridimensionales y sólidos, el misterio que atraviesa todo, lo sobrenatural que apela a algo atávico en nosotros, las manifestaciones metafóricas de conceptos metafísicos, los Lodges, y pasteles de cereza. Y el propio Lynch no lo descarta. "No lo sé: es demasiado pronto para decir eso en este momento" aseguró Lynch a The Hollywood Reporter en 2017 y nos mistificó agregando que, a raíz de la experiencia de The Return, aprendió a "nunca decir nunca".

Crédito: ABC

Crédito: ABC


Si bien la cuestión aún permanece en las sombras y Lynch es tan críptico como siempre, que el director del jopo blanco no niegue de cuajo la posibilidad del regreso es una señal esperanzadora. Quizá a sus noventa y seis años siga teniendo energía para traernos una season que aborde la nueva timeline y resuelva, finalmente, el (no) asesinato de Laura Palmer, aunque sea a 25 años del final de esta temporada.


Una cuarta temporada suena como algo improbable pero, en plena cuarentena, es lo que más deseamos. Es más, algo en la línea de la película precuela Fire Walk With Me suena como algo espectacular. Y también deseamos no esperar 25 años para tenerla.

De todas formas, te recomendamos que en estos momentos, te arrojes al increíble universo de Twin Peaks y que dejes llevar tu corazón por la vía que Lynch quiere regalarte. Puede no ser para ti (y eso está bien), pero de verdad es ideal. Twin Peaks, después de todo, no es más que maquillaje para que nos hagamos preguntas sobre el alma, la trascendentalidad, el alma, y la eterna batalla entre el bien y el mal.

Imagen de portada: Showtime.

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