Tres teorías psicológicas que explican nuestro 'mad love' por el Joker

Gabriella Botello · sucucho

Publicado el 24 de agosto del 2017

Todo tiene una razón.

El 2017 es un buen año para ser el Joker. El hypeante anuncio de una stand-alone movie que profundizará en la misteriosa origin story del payaso anarcodemencial producida por Martin Scorsese; un spin-off estilo psychoromance con la pudding más sexyobsesiva Harley Quinn de la mano de Glenn Ficarra; y la pisada de acelerador para la secuela de Suicide Squad es síntoma de una sola cosa. El éxito del Joker con las masas no tiene parangón pero Fandango sienta nuestro amor en el diván y lo analiza: ¿cómo explica la psicología nuestro mad love por el Clown Prince of Crime?

Declaremos lo obvio: desde que el tiempo es tiempo y el mundo es mundo, el mal es intrigante. Las narrativas orientales, occidentales, prehistóricas y de corte religioso oponen a las fuerzas binarias de bien y mal en puntos simbólicos codependientes desde el inicio de las mitologías. El eterno dilema del huevo y la gallina del villano haciendo emerger al héroe y viceversa es uno de los más ponderados de las estructuras dramáticas y, definitivamente, uno que nos arrastra a las cuestiones metafísicas más profundas y a una estructural de base: el maloso siempre será la manifestación más evidente de los aspectos sociales y morales juzgados como inaceptables por las normas de la sociedad que los produce. Amén de las historias contadas alrededor del fuego, los miles de años que dejaron cociendo a la figura del villano encarnó, en las narrativas occidentales, en coloridos trajes de spándex y superpoderes de brillantina de los rufianes de hoy. Pero una cosa es cierta: ante todo, siguen siendo ejemplo de las ansiedades, los temores y el pánico social. Y de entre una ristra homogénea de villanos superpoderosos con talentos tan verosímiles como tentáculos de metal o capacidad de tomar a la galaxia por asalto con guantes mágicos, el Joker es el más extraño de todos. Sin más supertalento que una lógica interna que lo desata de los convencionalismos morales, una psicopatía desbandada y la total falta de remordimiento, el Bufón del Crimen podría ser cualquiera de nosotros

(Crédito: Tenor)

Amén de saber que es la gallinita de los huevos de oro que podría salvar al Universo Extendido de DC, la decisión de darle tres películas al Joker responde a cuestiones más profundas que nos llevan a hurgar en los tomos de psicología y a ver cuáles son las psicoteorías que explicarían nuestra oscura fascinación por el payaso del crimen.

ARQUETIPOS

La oveja rebelde del clan Freud salió de la vía del psicoanálisis para fundar la psicología analítica y hallar respuestas arquetípicas y profundamente humanas a la sintomatología. Carl Jung, el alumno loco de Sigmund, estableció al teoría del inconsciente colectivo, esta construcción humana que atraviesa a las generaciones y que contiene la experiencia universal del qué es ser humano, incluye la noción de arquetipos, que totaliza los eventos, las figuras y motivos culturales que nos atraviesan. El arquetipo, pues, son los patrones de imágenes y símbolos recurrentes que aparecen bajo diferentes formas en todas las culturas que aparecen en todo tipo de productos del ser humano. En ésta visión, el Joker encarna dos tipos de figuras: la Sombra -la representación de lo que queremos que permanezca oculto en nosotros por ser moralmente reprobable-, y el Trickster, el introductor de las violaciones de las normas preestablecidas para demostrar que las leyes son vulnerables. Es embeberse en esa fuente del inconsciente colectivo lo unge de fuerza mítica al personaje.

(Imagen: Tenor)

EL VIAJE OSCURO

Pero la poesía total jungiana llega con el Nachtfahrt: una confrontación con nuestra naturaleza oculta, un viaje nocturno en nuestra propia profundidad para emerger como seres humanos más evolcionados. El Joker, en esos términos, bien podría ser una visibilización de nuestras propias sombras y el más claro ejemplo de qué es lo que ocurre cuando ese encuentro con la oscuridad se da de maneras poco saludables. La fascinación con su locura y su lógica demencial ciertamente operan como uno de los más potentes imanes a su personalidad y a nuestras propias oscuridades. En este sentido, según más luego elaboró Joseph Campbell, la mitología sirve para eliminar nuestro miedo a la oscuridad arrojándole luz y viendo cuál es el monstruo que está ahí fuera (o ahí dentro). Esa sensación de poder e iluminación sin necesidad de ubicarnos en las formas menos metafóricas de encontrarnos con la sombra (como juntándonos con un grupo de gángsters en callejones pobremente iluminados), nos da la inspiración y la experiencia necesarias para conectarnos con esa parte de nuestra humanidad.



REALIZACIÓN DEL DESEO

Sigmund Freud era un tipo complejo. Su teoría psicoanalítica cambió la cara de la psicología moderna y hoy, más de cien años después, sigue siendo el referente unívoco en toda materia de profundización en la psique. Parte de la teoría nace de la estructura psíquica: en términos generales, se compone de tres partes : el inconsciente o el Ello, donde nace el deseo en plena libertad de energía inestable; el consciente/preconsciente o el Yo, de energías autocontroladas; y el superyó, que regula la energía vía represión. En este esquema, la libido o el deseo es la energía más básica que transformamos de nuestras pulsiones de vida más elementales que, obviamente, responde a nuestro inconsciente. De acuerdo a Freud, la naturaleza humana es inherentemente antisocial y está biológicamente ligada a esa libido sin más ley que la desbocada energía. Es el superyó y la norma social la que restringe el deseo, pero nuestro inconsciente continúa palpitando debajo y operando con la libio, generando culpa y frustración. De acuerdo a la teoría Freudiana, el Joker sería deseo desbandado, el puro inconsciente manifiesto que, sin resistencia, represión o remordimiento, cumple el camino de su libido. Frente a nuestras propias represiones, el ideal de libertad es tentador y resulta tan atractivo como intrigante. Lo cierto es que sin superyó o reglas sociales, seguramente nadie sería demasiado distinto al villano payaso, y de ahí nuestra atracción a él.

(Imagen: Tenor)



JERARQUÍA DE NECESIDADES

El psicólogo social Abraham Maslow pudo llevarse a la tumba ser el autor de la jerarquía de necesidades más exacta hasta la fecha. La Pirámide de Maslow ubica en cinco niveles los procesos de maduración personal que, en caso de no cumplir los requerimientos del escalafón previo, no puede pasarse al siguiente. Así, los aspectos fisiológicos (como alimentarse o descansar), preceden a los de seguridad (como la física, de empleo o de salud). En el siguiente escalón están las cuestiones de filiación, como el afecto y la intimidad sexual, seguido por el reconocimiento o éxito, para finalmente llegar a la autorrealziación en la que podemos ser espontáneos, creativos, resolutivos, desprejuiciados y morales. Es decir, en esta escala, si sientes hambre es difícil que te sientas seguro y, en tal caso, si sientes deseo de amor y compañía, ciertamente tendrás problemas para forjar tu autoestima. La empatía, en términos de Maslow, nos hace compararnos constantemente con quienes atraviesan sus propias pirámides. En este caso, vemos a un villano convencido de ser el héroe de su propia visión del orden necesario, herido por una sociedad que no lo comprende y a la que justifica increíblemente desafiar, y en franca situación de inferioridad frente al omnipotente héroe, con una origin story que podría parecerse más a la nuestra, y no podemos evitar la identificación con este personaje.

(Imagen: Giphy)





(Imagen de portada: Warner Bros.)

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