'The Lobster': cuando la soledad te puede costar (literalmente) la vida

Lorena Carbajal

Publicado el 15 de marzo del 2017

Nominada a un Oscar por Mejor Guion Original, el quinto film del director griego Yorgos Lanthimos buscar representar el amor en un futuro que parece cada vez menos lejano.

En un mundo distópico donde quedarse soltero es lo peor que podría pasarle a cualquier ser humano, Yorgos Lanthimos le va dando forma a The Lobster, su quinto largometraje que satiriza al amor por apariencias en el que hoy en día parecemos inmiscuirnos con más frecuencia.

The Lobster es la primera superproducción de Lanthimos quien llegó al ojo público gracias a Dogtooth, impecable film con el que con una especie de humor negro y grotesco entendimos que la médula espinal de su filmografía radica en ridiculizar ciertos comportamientos que encontramos comunes.

El primer acto de The Lobster se encarga de presentarnos a David (Colin Farrell) y el singular hotel al que es enviado tras quedarse inevitablemente soltero. Se explica que, en un lapso menor a 45 días, todo huésped debe conseguir pareja o será convertido en un animal y enviado a vivir al bosque.

En el hospedaje, David conoce a 'el hombre que cojea' (Ben Whishaw) y a 'el hombre que cecea' (John C. Reilly) con quienes forma una especie de amistad. Bajo un sinfín de drásticas medidas y en un desesperado intento por salir pronto del lugar, David 'encuentra el amor' en la 'mujer sin corazón' con quien finge no tener ningún tipo de sentimiento para lograr que los emparejen. Y es aquí que la película empieza a despegar.


Crédito: Picturehouse Entertainment


Cuando el plan falla, David decide huir del lugar y pasar al bando de ‘Los Solitarios’, personas que como él, abandonaron ilegalmente el hotel y deambulan por el bosque protegiéndose de los propios huéspedes que salen a cazar animales y solitarios con el fin de tener días extra de estadía.

Pero, como el amor es así, inesperado, David encuentra dentro de este grupo de desertores a 'la mujer miope' (Rachel Weisz) en quien se interesa rápidamente. La crueldad, el absurdo y el humor se funden entre sí para lograr escenas de especial calma y pasividad que son perfectamente selladas visualmente con una fotografía que refuerza la lúgubre atmósfera en la que se desarrolla la película.


Crédito: Picturehouse Entertainment


Los constantes silencios incómodos hacen contrapeso con la verosimilitud y teatralidad que cada actor le incorpora a su personaje, requisito indispensable para un film que choca con lo surreal. Aquí la performance de Farrell juega un rol vital que por momentos podemos sentir cercano, propio.

Lanthimos, por su lado, logra un trabajo que examina y critica la superficial concepción que tenemos actualmente de las relaciones en un mundo regido por aplicaciones de citas. La noción novelesca y sentimental de 'amor' queda dispersa en el aire para darle paso al principio racional de los seres humanos: encontrar una pareja con la que uno pueda hacer más match con el cerebro que con el corazón. Pero pasa que el amor no siempre es racional, aunque debería.



(Foto de portada: Picturehouse Entertainment)