Crítica a ‘Sin rodeos’: Comedia de fórmula sin filtros ni añadidos

Cristhian Manzanares · manzarock

Publicado el 19 de diciembre del 2018

Maribel Verdú es la protagonista de esta comedia de Santiago Segura

¿Veremos otro año con más remakes que el 2018? Ya lo sabremos, aunque por lo pronto, con este ya estamos bastante ocupados. Ahora es el turno de ‘Sin rodeos’, la versión española de la cinta original chilena titulada ‘Sin filtro’, que a su vez ya tiene sendas versiones argentina y mexicana, y próximamente prepara una versión estadounidense, a cargo de la productora de Eva Longoria. Valgan verdades esperábamos algo mucho más guarro de lo que vimos. Y no estamos tan seguros si eso es bueno o malo. La de Santiago Segura es solo una comedia ligera, que deja las puertas abiertas para las otras versiones a animarse a más, esperamos.




Desde el póster promocional entendemos que la protagonista femenina es quien cargará a sus espaldas el peso del filme. Esto es, soportar a todas y cada una de las personas que se cruzan por su vida al azar y azarosamente, haciendo de la suya un cúmulo de frustraciones en un mundo en el que parece que ella es lo último que importa, si es que acaso importa algo. El buen oficio de Maribel Verdú es el que nos permite seguir con algún interés los avatares que se van desplegando en pantalla, aun cuando ciertamente este casting haya sido algo impreciso, pues, en realidad la edad de su papel es menor al que realmente tiene la actriz.

Verdú es Paz, una publicista cuyo jefe (un jovenzuelo estúpido y patán, de esos que cree que la creatividad e irreverencia es poseer con orgullo una falta de tino y respeto hacia los demás) la ve como alguien ad portas de convertirse en una empleada descartable, así que contrata a una “youtuber” muchos años más joven que ella para que la actualice en su rubro. Sumado a esto, conocemos a su pareja, un artista plástico irresponsable que pinta cuando le provoca (es decir, cuando su cuerpo y cerebro le dice que ya se cansó de dormir), la rémora que este tiene por hijo bueno para nada, y alguno que otro personaje recurrente más que detestable (vaya que los secundarios tienen buenas participaciones).

Ya vemos por dónde apuntan las fichas: paz como antónimo de lío, problema, percance, contrariedad, de todo aquello que aqueja a la pobre mujer. Hasta que un infomercial cala en su subconsciente, y la conmina a buscar una solución inmediata. El remedio es una poción que hará que supere todos estos problemas. ¿Cómo? Diciéndoles en su cara pelada todo lo que ella reprimía por las razones que sea. Educación, suponemos. O miedo a quedarse sola, desempleada y apartada socialmente, sobre todo y especialmente, por ser mujer. Vemos que hay una materia prima encomiable tanto en la historia como en los personajes, pero el desarrollo de todo esto, que podría tomarse como una especie de parodia extremadamente simple de aquella película en la que un oficinista Michael Douglas explota contra el sistema, nos deja con un sinsabor propio de aquellas películas que solo calcan y no proponen.

Reconocemos a Segura como un director intenso en sus incursiones cómicas (es Torrente, por favor), pero aquí parece contenido y hasta disipado. Claro que nos sigue arrancando algunas risas sin embargo esto no debería ser algo de momentos, sino más bien constante. De todas formas, aunque raya un poquito en lo panfletario, hay un mensaje poderoso de empoderamiento femenino (aun cuando se implica que a veces las mismas mujeres pueden convertirse en sus propias enemigas). Eso sí: quédate hasta el final. Ese cierre de créditos les quedó muy, pero que muy guapo.



(Imagen de portada: Atresmedia Cine)


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