Sam Mendes cuenta por qué '1917' se rodó como plano secuencia

Gabriella Botello · sucucho

Publicado el 10 de enero del 2020

Y también cuáles fueron los desafíos técnicos para llevar esta favorita de los Premios Oscar a cabo.

Desde que emergió el tráiler de 1917 -con su tic tac presente a lo largo de todo el adelanto- supimos que estábamos ante el precipicio de una experiencia claustrofóbica a estilo Dunkirk donde el tiempo es de la más absoluta esencia. Y con razón: el thriller bélico que arrasó en los Globos de Oro es una carrera contrareloj para prevenir un terrible ataque/trampa de las fuerzas enemigas con el potencial destructivo de erradicar 1600 vidas. Y aquí, el medio también es el mensaje: 1917 es enorme plano secuencia en tiempo real que sólo dramatiza cómo un segundo puede cambiar el curso de una guerra.


Todos queremos a Sam Mendes. Si: pese a que el director de Belleza Americana haya pifiado un poco con todo ese asunto de espías con la franquicia 007 (Spectre fue unívocamente mala), Mendes tenía un lugar asegurado en el podio de directores cuando decidiera salir del loop Bond que le tenía cooptado desde hace prácticamente una década. Y parte del motivo por el que lo queremos tanto es porque es un visionario que se anima a poner la cámara en función de los requerimientos narrativos de la historia que quiere contar… Inclusive para retratar las proporciones épicas del final de la Primera Guerra Mundial.


"Desde el principio, sentí que la película debía ser contada en tiempo real", dijo Mendes, que ganó el Globo de Oro a Mejor Director por 1917. Y la decisión tiene perfecto sentido: recordemos que la cinta sigue a Blake (Dean-Charles Chapman) y Schofield (George MacKay) mientras se adentran en líneas enemigas para entregar un mensaje que podría salvar las vidas de 1.600 hombres, entre ellos el hermano de Blake, Joseph. Para acompañarlos en cada aliento en esta carrera contra el tiempo, decidió que lo mejor era “contar esta historia en plano secuencia”.

Lógicamente, en gran parte también se lo debemos al director de fotógrafía Roger Deakins, que está francamente inspiradísimo. "Desde el primer momento, cuando Sam y yo hablamos de rodar la película en plano secuencia, supe que iba a tener un gran poder de inmersión", señaló. En parte, esto es testimonio de los quince años de trabajo compartido entre Deakins y Mendes, que pueden entenderse prácticamente sin hablar.


El objetivo y el uso de la cámara era muy claro. “Se mueve de una manera que a veces te hace muy consciente de la pequeñez de los personajes en un paisaje enorme, o se vuelve muy, muy íntimo con ellos. A veces te muestra lo que pueden ver, y a veces, de manera clave, no lo hace. A veces funciona casi como una película de terror, ya que no te mostrará lo que está por delante.", narra Mendes.

"Otras veces eres muy consciente del mundo del que forman parte, la escala de la destrucción en el paisaje. Es como mirar a través de un pequeño ojo de cerradura en una vasta extensión. La elección de hacerlo fue sobre conectar a la audiencia con los personajes emocionalmente”, sostuvo Mendes. Y es cierto: uno puede olvidarse de la cámara, siendo lo natural que es ver la acción a través de los protagonistas.

De más decir que la proeza técnica de sumergir al espectador en las trincheras con esos dos jóvenes fue más que desafiante. "En ocasiones, la cámara era manejada por un operador e iba colgada de un cable", desvela Mendes.

"El cable permite que la cámara cubra bastante distancia. Se desengancha, el operador corre con ella, después sube a un pequeño 'jeep' con el que avanza unos 400 metros más, se baja y dobla la esquina. Cuando ruedas una película, cuentas siempre con un comodín. 'Ya lo arreglaremos en montaje'. 'Quizá eliminemos esa escena'. En esta película, eso no es posible", destacó el director.

La cinta (y su director y director de fotografía) es una de las favoritas para el Premio Oscar. ¿Vas a verla?



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