Netflix respira tranquilo: sus películas siguen siendo elegibles para competir en los Premios Oscar

Gabriella Botello · sucucho

Publicado el 24 de abril del 2019

Después de meses de pelea, la Academia vio la luz.

Es oficial: después de mucho drama estilo Spielberg y de contundentes dichos contra la nominación (y victoria) de Roma en particular y el ecosistema del streaming en particular en los últimos Premios Oscar, la Academia de Hollywood finalmente aclara los tantos entre los hermanitos rivales. Pese a los intentos de exlusión, las películas de las películas de Netflix podrán seguir siendo consideradas al Oscar.


Según trascendió, los votantes de la Academia eligieron mantener las reglas de elegibilidad para la edición del 2020. Eso quiere decir que cualquier cinta que se estrenen en una plataforma de streaming a la vez que en salas tradicionales pueden ser nominadas para el premio mayor del cine. Según el veredicto, cualquier película que esté siete días con tres sesiones al día en algún cine de la ciudad de Los Ángeles puede entrar en la terna. Y respiramos un poco más tranquilos: todo sigue igual.


Es que hace dos meses atrás, Spielberg se pronunció para demandar reglas de admisión más estrictas para las categorías del Oscar algo que sin dudas obstaculizaría las posibilidades de clasificación de los títulos de Netflix. De acuerdo a los rumores, Spielberg basó su batalla en el limitado estreno cinematográfico de las películas de la plataforma de streaming, demandando que al menos estén en cartelera durante cuatro semanas para poder clasificar. Además, el veterano veía necesario revelar los números de taquilla para poder ingresar a la carrera, algo que todos los estudios hacen, pero que Netflix se ha negado categóricamente a revelar con todos sus contenidos.

La postura spilbergiana -amén de ya crear una grieta irresoluta dentro del establishment hollywoodense- no sólo es inflexible, sino que demuestra poca adaptabilidad a la norma del entretenimiento actual. Netflix invirtió sostenidamente en la creación de películas más diversas y en aquellos proyectos que, por distintos, fueron tradicionalmente excluidos del sistema de estudios tradicionales. Roma -una historia excepcional sobre jerarquizaciones socio-raciales, rodada en blanco y negro, y en 35 mm, y en idioma extranjero al de la Academia, sin ganas de complacer al público mainstream- es uno de los grandes ejemplos de la calidad que alcanzan estas narrativas, que otrora no encontraban sitio en el tirano sistema de taquilla y estrenos.

Por eso, nos parece genial que la gente de la Academia no elimine de entrada a Netflix en la egibilidad de productos, sino decida tomarse el tiempo para analizar los cambios que transita la industria. De hecho, es fantástico que pequeños productores y películas independientes (aquellas que no tienen la posibilidad de campañas millonarias y de mantener una película en cartelera durante varias semanas) tengan la misma importancia simbólica que los grandes blockbusters.




Imagen de portada: Fotomontaje de Fandango con imágenes de la Academia y de Netflix.

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