¿No será mucho? Adam Wingard ya piensa en la secuela universitaria de 'Death Note'

Gabriella Botello · sucucho

Publicado el 25 de agosto del 2017

Y la crítica de la primera, que estrena hoy, no lo acompaña.

Lo sabíamos: Netflix no sabe adaptar animé. Pero aparementemente, eso sigue siendo una hipótesis a probar para Adam Wingard. Después de su calamitosa whitewasheada de la animación de culto Death Note que, a horas de su estreno y con asfixia al espíritu original del manga, ya bastó para traumar al fandom, una segunda entrega no sería la mejor opción. Pero parece que esa es la propuesta.

Vamos por partes. Ya sabíamos que el estreno del live-action occidental de Death Note acarreaba una sentencia de muerte. El suicidio cinematográfico se autoanunció con la ristra de cambios que Wingard debió aplicar para comprimir en casi dos horas una serie de casi 18. La historia del cuaderno asesino en manos del estudiante de la prepa Light Yagami (Turner en la adaptación) toca una fibra típica en el encuentro con Ryuk, un Shinigami -o dios de la muerte en la mitología japonesa-, que le invita a usarlo. Light se convierte en un vigilante bajo la identidad de Kira y, tras mucho asesinato de criminales, la desconcertada policía internacional y el misterioso detective L comienzan una cacería empapada de contexto nipón.

Siendo justos, seguramente es difícil adaptar un animé caracterizado por su approach a la compleja cultura nipona que, en más de treinta episodios, tocó el sutil entramado de las relaciones con el folkore japonés con maestría "Cada vez que trataba de mantenerme 100% fiel al material original, me desviaba. Estás en un país diferente, en un entorno diferente y además intentas resumir una serie de 18 horas en una película de 2", aseguró Wingard a mediados del mes pasado. Pero lo cierto es que hay cuestiones inadmisibles que exceden a la occidentalización, como la relación entre Light (Nat Wolff) y Misa (Margaret Qually) o la depresiva actitud del protagonista que no tienen tanto que ver con la maestría narrativa, sino con lo que aparenta ser falta de conocimiento del material, que fracasa en trasladar la escencia de esta pieza elemental de la animación oriental.


Entender que la primera adaptación verdaderamente transviste una de las narrativas más amadas del animé, perdiendo la intensidad original del manga, la sutileza de su cruce dialéctico y el ambiente de thriller policíaco; también lleva a entender por qué una segunda entrega agrega ofensa a la herida.

"Bueno, lo que hice con esta película, que era empezar en el secundario, y sea algo así como la experiencia en el secundario con el Death Note. Luego, la segunda película sería qué es lo ocurre después de él: sería en la universidad o sería hacía donde es capaz de ir", explicó en una entrevista. "Él está hecho un desastre al final de esta película así que sería como interesante ver a dónde va este personaje. Para mí no se trata solo de Light en su viaje a ser casi como un villano, sino que se trata de de evolucionarlo en algo diferente a donde empieza. Así que arrancamos con él en el primer nivel del secundario, y esta serie puede ir en un montón de direcciones diferentes desde aquí", concluyó.


Si bien no cataloga del todo como la promesa de una secuela, las afirmaciones de Wingard no darían lugar a dudas del escenario en el que se desarrollaría. Depués de la deficiente adaptación que desvirtúa el tono, los personajes, la trama, el subtexto, la puesta en escena y los plot twists, no podemos decir que estamos emocionados de ver una secuela. Pero quién sabe. El director de The Guest y la tercera entrega de La Bruja de Blair podría sorprendernos con una historia de mayor adultez que escape un poco al cánon.

(Imagen de Portada: Netflix)

Tags: