Crítica de 'Guasón': El lado oscuro de la risa

María Paula Ríos · _Live_in_Peace

Publicado el 2 de octubre del 2019

Joaquin Phoenix nos brinda un Guasón épico en la cinta dirigida por Todd Phillips.

Quizá soy un oído que solo escucha el murmullo de la calle; o un brazo que se extiende y se mueve al ritmo de la música; un par de piernas delgadas que dan pasos hacia el abismo; un torso desencajado que se retuerce de dolor; o una boca que provoca espasmos como carcajadas para liberar la pena de un cuerpo sin pasado…

Nos ponemos algo líricos para captar la esencia de este film que tiene al Guasón como figura central, claro está que hablamos del archienemigo de Batman (EL héroe de DC Comics). Es cierto también que han pasado varios tipos del también llamado Joker por la pantalla grande, desde uno jocoso y más naif, de origen mafioso, interpretado por Jack Nicholson; o un oscurísimo Heath Ledger, quien supo reinventar el personaje otorgándole anarquía y una sonrisa desfigurada; hasta uno más ¿cool? o ¿pandillero?, un rebelde sin causa encarnado por Jared Leto.

O sea que para llegar al Guasón de Joaquin Phoenix, hubo una evolución del personaje. Aquí Todd Phillips, su director, decide indagar los orígenes de este ser confiriéndole un pasado difícil y una psicología de lo más compleja; alejado del imaginario fantástico de la típica película de superhéroes, por el contrario otorgándole terrenalidad, cotidianidad… humanidad.

Ambientada en los 70´, en una imaginaria Ciudad Gótica, Arthur Fleck (el Guasón) divaga por las calles trabajando de payaso en un lugar de mala muerte, para un jefe abusivo. Tiene solo a su madre Penny, con quien vive en una pocilga, pero toda la ciudad parece estar imbuida en halo de miseria, la diferencia de clases es muy notoria. Él solo quiere amar, tener la admiración de los demás. Desde el momento que lo vemos reír sin una causa aparente, una risa anómala y dolorosa, nos damos cuenta que nuestro chico es una bomba de tiempo emocional.



Una especie de “freak” con comportamientos extravagantes, sumada una postura deformada y una mirada que de tan inocente y sufrida no reconoce límites de moralidad. No queremos spoilear, pero nuestro Joker es producto de una sociedad enferma que invisibiliza a ciertos sectores. Dentro de su peligrosa ingenuidad, él tiene como propósito en la vida hacer sonreír a la gente, quiere ser un comediante. Pero detrás de la carcajada también puede haber angustia y emociones descontroladas, involuntarias, disociadas de los sentimientos internos. Este es el caso.

Por lo que en esta cinta el Guasón ira atravesando una transformación gradual, hasta devenir en un poderoso antagonista; que será fuente de inspiración de un pueblo descontento, trayendo caos y anarquía a una anestesiada Ciudad Gótica. Llega un momento que, inconscientemente, se transforma en un fenómeno social, su locura se vuelve colectiva. Todd Phillips va más allá de lo psi y nos propone una desconstrucción de este “villano”, indagando sus orígenes y el porqué de sus conductas, involucrando todo el contexto.

Más allá de la excelente interpretación de Phoenix, logra un Joker épico, aquí el relato también acompaña con un guion incisivo y reflexivo. Los planos cortos en su cuerpo malformado y en su rostro, así como una música constante y perturbadora, dan cohesión al estado mental del protagonista. Un estado que transita entre los límites de la realidad y el delirio… que se materializa en sangre dibujando la sonrisa patológica tan característica de este ser con un pasado y un presente trágico, que reconstruye como puede su identidad.



(Foto de portada: Warner Bros)



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