A un año del final de 'Game of Thrones', la Internet no supera el último episodio

Gabriella Botello · sucucho

Publicado el 19 de mayo del 2020

La divisiva octava temporada de la serie furor de HBO fue una decepción para los fanáticos y, en el aniversario de su final muchos, lo recordaron en redes.

A esta altura no cuenta como spoiler: ver a Jaime abrazado a Cersei en medio de las ruinas de la Fortaleza Roja, observar con horror como Daenerys saltaba de déspota a líder genocida demente sin solución alguna de continuidad, y Bran El Roto (¿QUÉ CLASE DE NOMBRE ES ESE?) sentado en el Trono de Hierro, fue de lo peor que vimos en la tele el año pasado.

Puede que hayan pasado 365 días desde el ¿grande? finale de la sensación televisiva Game of Thrones, pero el trauma de ver dilapidados sendos arcos narrativos, la súbita metamorfosis de guiones hacia el tropos más común, y una atroz resolución que nos dejó a todos exigiendo una satisfacción sigue mucho, muy en pie.


Después de ocho temporadas de invertirnos emocionalmente en la suerte y destino de una tropa de personajes (y del indiscriminado asesinato de varios de ellos en el proceso), la adaptación de G. R.R. Martin tuvo uno de los aterrizajes más forzosos de la historia televisiva, al punto en el que el último capítulo de Lost podría ser considerado hasta resolutivo en comparación.


Y sí: puede ser bajo hacer leña del árbol caído, pero después de todo lo que pasamos juntos con Juego de Tronos (una serie que en su primer episodio arroja a un niño de 10 años por una ventana mientras una pareja de gemelos tiene relaciones sexuales incestuosas) pues realmente sentimos que tanto la serie furor como nosotros mismos merecíamos algo mejor.


¿La principal queja? Pues la apuradísima condensación de gran parte de los eventos que esperamos durante sendas temporadas en sólo ocho capítulos, dejando enormes huecos narrativos en general. recapitulemos, igualmente, cómo ese cataclismo blasfemo que se llamó El Trono de Hierro fue tan terrible (y nos dejó necesitando terapia hasta hoy).


Con tanta muerte previa al episodio final, The Iron Throne es un episodio con gusto a aftermath: ya arranca con Tyrion (un siempre sólido Peter Dinklage) buscando entre los escombros de Desembarco del Rey para encontrar los cuerpos de su hermano y hermana - Jaime (Nikolaj Coster-Waldau) y Cersei (Lena Headey), tan unidos en la muerte como los gemelos lo fueron en la vida.



Pese a que Dinklage hace todo lo posible para vender ese momento, nada hace que nos sintamos bien con dos de los personajes más notorios del programa siendo sean asesinados de esta manera, y ninguna cantidad de golpes de roca por parte de Dinklage puede arreglar eso. Recordemos que la embarazada Cersei y el Manco Matarreyes habían desarrollado uno de los arcos narrativos más intensos de la saga, y hasta vimos a la redención a la alcance de la (única) mano del Lannister rubio.

Y hablando de arcos truncos… Pues, ¿alguien recuerda cómo Daenerys (Emilia Clarke) ni siquiera llega a sentarse en el ansiado Trono de Hierro por el que destruyó casi todo Westeros? Tristemente, el resultado fue acorde a todo lo que pasó con Dany durante la octava temporada. Después de ocho años preguntándonos quién se sentaría en el Trono de Hierro y hasta haciendo apuestas portentosas con otros fanáticos entre los dos más claros contendientes, que claramente eran Jon Snow (Kit Harington) y Khaleesi. Pero ninguno llegaría a gobernar Westeros en una de las polémicas más resonantes de la tele: Jon, completamente fuera de personaje, apuñala a la última Targaryen bastante después de que esta asesinara a cientos de civiles inocentes en el Desembarco del Rey.


La hora restante del episodio es una franca cuesta abajo desde ahí. Vemos, en un lento drama sin resolución, como los poderosos restantes de Poniente ordenan el desastre de la Guerra de los Siete Reinos para que, finalmente, Bran Stark (Isaac Hempstead-Wright) fuera coronado Rey (siendo que era clarividente, no sabemos por qué diantres no nos dijo nada y nos ahorrábamos lo que apostábamos). Quizá sólo Arya y Sansa Stark, en aventuras en barco una y en el Trono del Norte la otra, tienen las conclusiones más satisfactorias.



The Iron Throne no es un tan mal final de serie, por en definitiva se arroja a cerrar a las apuradas los cabos narrativos que quedaron sueltos, pero lo hace sin las épicas batallas o el drama poderoso que durante (casi) ocho temporadas fueron una parte clave de su identidad. El Trono de Hierro no tiene un gramo de la emoción que vimos durante cientos de minutos de televisión que configuraron el ecosistema del entretenimiento como lo conocemos hoy.

Aunque solo ha pasado un año (al menos, de acuerdo con lo que llamamos calendario), el legado de la serie ya parece haberse convertido en polvo. Las primeras temporadas siguen estando impecablemente bien hechas, que contrasta fuertemente con un final súper desconectado de la emoción humana básica. Así y todo, le agradecemos profundamente todo lo que nos hizo experimentar y sentir.

Imagen de portada. HBO.

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