#22FCL: crítica a ‘Las herederas’ – Competencia Oficial Ficción

Lorena Carbajal

Publicado el 23 de julio del 2018

‘Las herederas’, no solo hizo historia por su temática LGTB, sino por convertirse en la primera película paraguaya en competir en el Festival de Cine de Berlín.

La ópera prima de Marcelo Martinessi gira en torno a dos mujeres descendientes de familias adineradas de Asunción que han vivido juntas por más de 30 años. Acostumbradas a hacerse mutua compañía y a vivir alrededor de objetos de lujo, ambas terminan viéndose envueltas en problemas de dinero y líos con la justicia.

Cuando Chiqui (Margarita Irún) es encarcelada por temas de fraude, a Chela (Ana Brun) no le queda más que deshacerse de su piano de cola, sus copas de cristal y sus cubiertos de plata. En medio de la soledad y a sus aproximadamente 60 años, la mujer que nunca tuvo otra preocupación más que pintar sus acuarelas, se ve obligada a tomar las riendas de su vida y reflexionar sobre su plenitud como ser humano.

‘Las herederas’ consigue que nos introduzcamos como actores pasivos en la casa que comparten ambas mujeres en la capital paraguaya. En ese lugar no hay más que prolongados silencios, espacios que van desocupándose a pocos por las antigüedades en venta, y sobre todo, muchos deseos de (re)conexión.

Abrumada por las deudas y la soledad, Chela inicia un servicio de taxi exclusivo para sus vecinas pudientes y las amigas de estas. De a pocos se corre el rumor del servicio, y es así que conoce a Angy (Ana Ivanova), una mujer más joven con la que Chela empieza a relacionarse y que logra despertar en ella deseos a todo nivel.

Es gracias a la aparición de Angy que la película despega. Mientras su casa va quedándose vacía, la protagonista va despegándose de la coraza que tenía construida por su edad y por su posición acomodada. A pesar de su edad madura, Chela va dándose cuenta que tiene todo el derecho de controlar su propia vida y reventar la burbuja en la que estuvo sumergida tanto tiempo. Con Chiqui momentáneamente fuera de la ecuación, ella va conociéndose de maneras que no creía posible.

El título evoca al pasado, y es precisamente este pasado el principal antagonista de la película. La herencia social de Chela no representa ningún futuro prometedor en medio de su crisis de identidad. La sutileza con la que va ejerciendo el desapego en su vida es probablemente el plato fuerte de este drama que merecidamente logró convertirse en la primera película paraguaya en competir por el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín.


(Imagen de portada: 22FCL)


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