‘Escuela de Rock’ fue estrenada hace 15 años y no pierde el humor

Cristhian Manzanares · manzarock

Publicado el 3 de octubre del 2018

La película de Richard Linklater ha obtenido un inusitado impacto convirtiéndose en la favorita de muchos

Hace 15 años Dewey Finn se despertó sin nada más que hacer con su vida, hasta que encontró la oportunidad de convertir a un grupo de estudiantes de primaria en una tremenda banda de rock. Él representaba todo lo que un adolescente en su momento quería ser, guitarrista, despreocupado, con ganas de divertirse. Inmaduro, por supuesto, pero no es como nos veíamos en ese momento –o nos importaba, por último–. El punto es que nos gustaba ese espíritu, esa sensación de no estar sujeto a despertarse para ir a una oficina a las 9 de la mañana.




La habilidad de Richard Linklater como cineasta (en una cinta que, dicen los rumores, fue hecha por encargo) se demuestra en todas las escenas dentro de la escuela, mientras se va nutriendo la dinámica profesor-alumnos, pero desde un punto de vista bastante más académico que rocanrolesco, es decir, a Finn/Black le apasiona su trabajo, la música, y le apasiona más compartirlo con otros, y que lo vivan con la misma intensidad, y que ese fuego sea el que alimente sus esfuerzos. El director sabe cómo ilustrarnos toda esta interacción, con fluidez, humor, y naturalidad.

Es Jack Black quien sabe soportar todo el peso que le otorga Linklater en 'Escuela de Rock', y conducirlo a buen puerto, sobre todo porque no subestima a los niños –por el contrario, para los fines que tiene en la historia, se aprovecha de ellos– como tampoco subestima a la audiencia, que valgan verdades, reacciona de la misma manera como lo hace Dewey al notar los talentos de estos niños músicos. Es más, no deben haber sido poco los rockeros que piensen “hey, qué va a saber un niño tocar algo de AC/DC”, y luego constatar que ejecutan sus instrumentos mejor que ellos.

Sin olvidar que es una irresponsabilidad de Finn la que hace que diera clases a este grupo de alumnos, una vez dentro es resolutivo y ayuda a que los talentos ocultos de los niños afloren (como cuando Tomika le confiesa a Finn que quiere ser corista), que crean en sí mismos, y mantenga un nivel de creatividad que su colegio no alentaba académicamente (¿recuerdan a los niños que diseñan los uniformes y el sistema de luces para el escenario?). Formar una banda siempre se ha tratado de un trabajo en equipo, además de un ejercicio de confianza uno en el otro, pero que no se agota ahí encerrados en la sala de ensayo o en este caso en el salón de clase, sino que también debes (de)mostrar tu trabajo frente a un público, y Finn también les enseña a los niños a enfrentarse al mundo exterior.



Y, por supuesto, el humor. ‘Escuela de Rock’ sigue siendo una cinta muy divertida, amparada en sus diálogos con alusiones a letras y canciones rock and roll y un guion bastante directo que no apela a subtramas ni conflictos románticos que entorpezcan el relato, con diálogos y situaciones hilarantes. Es cierto que este Jack Black ya no se deja ver mucho en el cine. No queremos decir que la edad ha hecho que los guiones que reciba ya no lo imagen como un rockero de ínfulas adolescentes, pero es una gran posibilidad. De todas formas, aquí logró convertirse en la mega estrella que sigue siendo, y colocó a Linklater como un director versátil y de gran narrativa, para el gran público. Quien diga que nunca ha sido así de efusivo cuando se trata del rock, que tire la primera piedra…

(Imagen de portada: Paramount)

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