Crítica de ‘El Camino’: el definitivo y merecido adiós de ‘Breaking Bad’

Lorena Carbajal

Publicado el 11 de octubre del 2019

El recorrido de Jesse Pinkman llega a su fin.

Cuando cierras una etapa por todo lo alto, dicen, es mejor no volver a ella para evitar comparaciones o juicios innecesarios. Pero Vince Gilligan decidió hacer caso omiso a esta sugerencia, y contra todo pronóstico, desarrolló una continuación para el final de ‘Breaking Bad’, aquella serie que lo llevó a la cima del éxito y que culminó exitosamente en 2013.

Seis años después, el showrunner estrena ‘El Camino’, film secuela que irónicamente se sostiene en un personaje que pensaba eliminar apenas en la primera temporada de la ficción: Jesse Pinkman. ¿El resultado? Una vez más, impecable.

‘El Camino’ es el merecido epílogo de Jesse Pinkman, un personaje que Aaron Paul fue construyendo gradualmente a lo largo de más de diez años. De ser el torpe drogadicto de Nuevo México, Pinkman es hoy un hombre que ha sufrido –y vaya que mucho– y que debe aprender a convivir con sus demonios y cicatrices. Esta película se enfoca solo en ello y no apela al presuntuoso cambio de canon al que recurre la mayoría de franquicias.

Tras escapar del cautiverio de los neonazis al final de la serie, la libertad de Jesse se verá opacada constantemente por todos aquellos obstáculos que le impiden disfrutar de una vida sin Walter White (Bryan Cranston), su maestro, guía y némesis. Con Walt fuera del juego, el principal enemigo de Pinkman es su pasado y todas aquellas experiencias traumáticas que lo convirtieron en el héroe de algunos y el criminal más buscado de Estados Unidos para otros.

Jesse Pinkman en el capítulo final de 'Breaking Bad'. Crédito: AMC.

Jesse Pinkman en el capítulo final de 'Breaking Bad'. Crédito: AMC.

Uno de los aciertos de ‘El Camino’ es jugar con las líneas temporales y graficar todas aquellas marcas que viven externa e internamente en Jesse. El cameo de personajes fundamentales en su vida acentúa el sentimiento de soledad en el que se ve inmerso y con el que tendrá que coexistir por el resto de sus días. Si ‘Breaking Bad’ giraba en torno al binomio White-Pinkman; ‘El Camino’ se mantiene como un film independiente a ello, pero que admirablemente homenajea a la serie de culto en la que se basa.

Aunque la nostalgia se apoderará de los fanáticos en más de una ocasión, el gran logro de Gilligan es ofrecer una historia que puede mantenerse en pie por sí misma. El contexto, los cameos y el notable trabajo de fotografía y montaje nos harán inevitablemente recordar a aquellos días soleados en Albuquerque, pero que con gusto podemos decir no volverán. ‘El Camino’ no es solo una película de ‘Breaking Bad’, es el justo corolario de una historia que necesitaba una digna despedida.

(Imagen de portada: Netflix)


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