Crítica de 'La Monja': anarquía en el convento

María Paula Ríos · _Live_in_Peace

Publicado el 7 de setiembre del 2018

Diabólica, gótica y rebelde.

Fue larga la espera, pero finalmente llegó La Monja, el spin off proveniente del Universo Warren, que temporalmente da inicio a la saga. Si, lo hechos transcurridos en el tenebroso y casi abandonado convento de Rumania, son antecesores de los sucesos diabólicos que acontecen en Los Conjuros, las Annabelle, y muy pronto en The Crooked Man.

Cosas inexplicables suceden en ese convento de clausura perdido en la campiña rumana, y los moradores del pueblo saben que el lugar está maldecido; inclusive ellos mismos padecen las consecuencias, dado que la población más débil (niños y gente mayor), muere de manera trágica y extraña.

Por este motivo, el Vaticano decidirá enviar al lugar al Padre Burke (con experiencia en este tipo de fenómenos), y a la hermana Irene, de la que más tarde nos enteraremos que algo (o alguien) muy fuerte la une allí. Desde la escena inicial nos damos cuenta que hay una energía enrarecida en esas tierras, acontecen vicisitudes por fuera de todo tipo de lógica humana.



Es que ese inmenso edificio que alberga hasta monjas fantasmas, es el hogar del demonio Valak. Uno de los entes malignos más poderosos, que tiene a disposición toda una legión de demonios, y que disfruta enloqueciendo a los más débiles y a las personas puras y santificadas. El convento posee mucha historia, además de un portal a otra dimensión de donde proviene Valak.

Como en las viejas películas de horror de los 70, La Monja se cierne en un microclima asfixiante, donde la lógica pesadillezca es ley. Las visiones y hechos del tipo como de repente aparecer enterrado vivo, son moneda común en el lugar. No solo mora la monja demoníaca entre estas oscuras paredes de piedra plomiza, el convento en si se convierte en un protagonista más de la historia.

Si bien la cinta está lejos de ser la mejor entrega de la franquicia, básicamente porque le cuesta generar clima de horror y suspenso, tiene cierta mística. Sobre todo gana, cuando el relato se pierde en esa zona donde lo onírico se funde con la realidad, generando una especie de anarquía sensorial que atrapa tanto a los que vienen de afuera, como a las propias inquilinas que se niegan a reconocer el poder de Valak. Definitivamente La Monja, te invita a seguir explorando el Universo Warren.

(Foto de portada: New Century Films)



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