Crítica a ‘Bohemian Rhapsody’: Dios salve a Rami Malek

Cristhian Manzanares · manzarock

Publicado el 31 de octubre del 2018

La cinta de Bryan Singer se sostiene en la gran e inolvidable performance del actor convertido en Freddie Mercury

Soy una prostituta musical”. Sirva esta frase, proferida por un risueño Freddie Mercury en una de esas pocas entrevistas que se tienen registro (el cantante nunca hizo buenas migas con la prensa), para entender a la persona detrás del micrófono, aquella que encaraba al público para encandilarlo y llevarlo a una experiencia fuera de sí durante sus shows.


Mercury, magistralmente interpretado por Rami Malek, fue aquel niño nacido en Tanzania que, una vez convertido en hombre, músico y frontman de una de las bandas más importante de la Tierra, escribió gemas inconmensurables como la canción que da título a esta película, pero también (y esto no es un demérito) canciones como “Let me entertain you”, en las que dice que hasta cantaría en japonés solo para ver que te diviertas y pasar un momento excelso. Queen y Mercury apelaban a eso, a divertir al público que había pagado su entrada, que había comprado los discos, que les dio fama, fortuna, y todo lo que viene con eso. Y les gustaba, porque no solo hacían que esa audiencia dejara sus problemas por un par de horas, sino que ellos -y quizás más Freddie que sus compañeros- también lo hacían.



Estas líneas son pertinentes, porque ‘Bohemian Rhapsdoy: La historia de Freddie Mercury’ no es un biopic exhaustivo, y eso debe quedar claro desde el inicio. Sí funciona para graficar, grandilocuentemente, todo lo expuesto en los párrafos anteriores. Musicalmente, se presuponía un film infalible, toda vez que el repertorio de la banda está plagado de hits y la banda poseía uno de los mejores shows en vivo . El inicio de la película, mientras los vemos subir al escenario de Wembley ante aquel imponente marco de público del festival Live Aid, quita el aliento.

Malek es el baluarte de esta cinta, con una interpretación desprejuiciada pero, al mismo tiempo sugerente, aprendiendo al dedillo posturas, dejos, muletillas, y movimientos que hacen justicia al cantante. Vamos, iba a ser imposible superar a la estrella que sigue y seguirá siendo Freddie Mercury, pero esta actuación se integra a la perfección con la idea de los productores de hacer una cinta que celebre tanto la obra de Queen como la vida de su líder.



Sin embargo, de lo que se acusa al film de Bryan Singer (quien, a pesar de haber sido despedido a pocos días de concluir la filmación aún retiene su crédito como director de la cinta) es de mostrar una versión “desinfectada” de la homosexualidad de Mercury. Este servidor no apreció eso en el ecran. Es más, es Mary Austin, su amiga de toda la vida, quien se lo dice en la cara: “Freddie, eres gay”. Freddie es presentado como homosexual en el film, dejando a Mary y buscando un nuevo estímulo en otros compañeros.

El film trata de reflejarnos la identidad gay de Mercury y los problemas que tenía para involucrarse con otros hombres. Una relación homosexual también puede ser tóxica, por supuesto, tal como cualquier otra. Pero es un problema que atañe a las interacciones de pareja, no a su sexualidad. Y Freddie tuvo una relación así con Paul Prenter, una de las influencias más nefastas en su vida, que de lo personal incluso llegó a invadir lo artístico. Singer sí muestra que la atracción de Freddie hacia su propio sexo estuvo presente antes de que ambos se conocieran.

Es raro pretender que un film diga lo que su protagonista realmente nunca dijo ni cuando tuvo la oportunidad de hacerlo en vida. Mercury siempre fue una persona reservada, nunca afirmó abiertamente ser gay; es más, luego de enterarse de su enfermedad vivió muchos años recluidos, para evitar ser presa de los tabloides hambrientos de morbo. No sé si eso finalmente esperaba parte de la crítica: verlo tener sexo explícito con hombres para luego verlo enfermar decrépitamente por ser seropositivo. ¿Ya no recuerdan que solo admitió su enfermedad un día antes de fallecer?

Aunque la película no es meticulosa en lo personal, sí se toma algunos minutos en abordar momentos musicales en donde el ritmo de la cinta fluye destacadamente. Uno de ellos, sin duda, es la grabación de ‘A night at the opera’, el disco con el que empezaron a convertirse en ese monstruo de la industria musical y que les daría todo aquello que habían soñado, fortuna, sexo, y otras cosas indecibles, seguramente, pero también mucha soledad, particularmente a Mercury.

Esa necesidad de escapar del “personaje” que se sube al escenario para manipular al público a su antojo, y que luego debe enfrentar a la persona que llega a casa y solo tiene a una amiga con quien conversar por teléfono es una fuerte pulsión entre dos identidades en crisis. Esta situación también se proyectaba al plano afectivo, al ser Mary la persona que siempre amó toda su vida con pureza, versus esa atracción sexual que sentía por individuos de su mismo sexo… hasta encontrar al hombre adecuado.

Otro de los mejores momentos de la cinta son aquellos en los que Mercury, Brian May, Roger Taylor y Deacy (abreviatura del nombre del bajista John Deacon) se portan como una banda incólume a pesar de sus asperezas. Es cierto que puede saber a poco ese retorno a la fama luego de aquella tremenda presentación en el festival de Bob Geldof. También que, tal vez, hubiera resultado aún más conmovedor ver al grupo componer discos -tal como lo hicieron- con un Freddie casi doblegado por su enfermedad, pero cantando como ningún ser humano en la galaxia lo hubiera logrado. Quizás, simplemente, se quiso recordar al Freddie humano, con sus defectos (no, su sexualidad no es un de ellos), y sus triunfos, y el Live Aid, indiscutiblemente, fue uno de los más grandes.



Dicho eso, una de las cosas en las que si pongo reparos es en la forma en que es mostrado tanto grupo como público en las presentaciones: nadie suda. Veo lágrimas de emoción y risas nerviosas, pero poca transpiración; si bien el arte emociona, un show en vivo es -si algo sabemos de eso- una experiencia física por sobre todo; y verlos a todos pulcros, en un concierto de Queen, pues se nos hizo algo raro.

‘Bohemian Rhapsody: La historia de Freddie Mercury’ no va a funcionar entre aquellos que van con lápiz y libreta esperando anotar todos esos errores “históricos” (los que para el fan serán más que evidentes) para levantar su dedo índice y decir “así no fueron las cosas”. Y el detalle es que el único que realmente sabe cómo pasó, lamentablemente, ya no está con nosotros. Ingresa a Fandango.lat y disfruta de esta película hoy mismo.

(Imagen de portada: 20th Century Fox)

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