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'Agente Bajo Fuego': mientras más grande, mejor [CRÍTICA]

11 de setiembre del 2019
Por Gabriella Botello
El agente Mike Banning debe salvar al Presidente de los Estados Unidos

Ya sabemos la premisa: si Gerard Butler está en una película, la trama tiene un 85% de probabilidades de ser una misión de rescate presidencial y una mezcla de tres premisas: A) salvar al país/la polis de las garras de un déspota mientras luce abdominales de acero; B) rescatar al planeta de un cataclismo natural/ del advenimiento de la Tercera Guerra Mundial; C) una comedia romántica/musical. Y, sorprendentemente, Agente Bajo Fuego -algo así como cierre de la trilogía del agente Mike Banning- es una mezcla de las tres.


Angel Has Fallen es una de esas cintas que te dejan con el corazón latiendo a millón de kilómetros por hora, mientras intentas comer pop-corn a la vez que le gritas a la pantalla y haces asanas de saltimbanqui en el asiento por la adrenalina. Butler se unge nuevamente como el héroe de acción/samurai/cowboy/agente secreto por tercera vez.

Y la premisa, para variar, es bastante iterativa en la trilogía: Mike Banning debe salvar al presidente (un Morgan Freeman que sentimos que nació para el papel y que reemplaza a Aaron Eckhart de las primeras dos pelis) otra vez… Después de las aventuras altas en adrenalina de Banning en Londres Bajo Fuego y en Operación: Código Olimpo, uno pensaría que el super agente secreto se merecía unas vacaciones mínimo. Pero no. Esta vez, Mike se enfrenta a una conspiración internacional tan demencial que es claro que estamos ante un gatillo fácil hiperbólico sin voluntad alguna de ser verosímil… Y nos encanta.


Es que ya la escena inicial es una violenta coreografía con elevado body count que marca la pauta, el tono y la tónica de Agente Bajo Fuego. El presidente Allan Trunbull pesca pacíficamente en un lago no lejos de Washington… Hasta que irrumpen drones rusos con bombas inteligentes, software de reconocimiento facial y delirio para eliminar al Líder del Mundo Libre mientras se cargan a todo el personal de seguridad (unos 18 agentes sólo en la primera escena, por favor). Obviamente, el único que rescata al Presi es su guardaespaldas personal, Benning, que logra mantenerlo vivo durante el terrible ataque aéreo de lo que parecen mercenarios brillantemente entrenados… ¿Y cómo, se preguntarán? Es que los drones parecerían haberlo reconocido y evitado.

Pero, ¿qué gracias recibe por su heroísmo? Ninguna. Aparentemente el resto del equipo de Trunbull no vieron las dos entregas anteriores y el propio Banning es acusado por el vicepresidente Kirby de lo que se pasó dos películas intentando evitar: el intento de homicidio al presidente de los Estados Unidos. Y vamos, es que también lo parece: los rusos han depositado US$ 10 millones en su cuenta bancaria y todo apuntaría en su contra. Desafortunadamente, el Presidente está en coma, no puede atestiguar a favor de su guardaespaldas; con lo que Kirby jura como presidente y se decide a cazar a Benning.


Desde acá, Benning se sacude en una carrera mortal contra la CIA y el FBI (y el mismísimo presidente interino) mientras intenta dar con la conspiración que quiere manchar el buen nombre norteamericano de agente secreto. Y de más decir que el director Ric Roman Waugh (ex-stuntman y director casi exclusivamente de cintas de acción) crea un desfile de situaciones cada vez más grandes, más explosivas, con más muertos, y que va cada vez más alto de las cuales Banning debe escapar en una suerte de Misión: Imposible wannabe, demostrando que no hay peligro ineludible para el superhumano agente.

Hay cuerpos volando cada 20 minutos o menos, artillería pesada por doquier, escenas de acción gigante y todo es tan absurdo que nos recuerda a esas maravillas estilo Rambo que nos divirtieron a finales de la Guerra Fría. De más decir que sólo veríamos la cinta por la espectacular actuación de un desopilante Nick Nolte como Clay Banning el excéntrico veterano de Vietnam que, oh casualidad, también es padre de Gerard Butler. La escena en el bosque con la condenada pared de bombas está para aplaudir de pie.

Y lo mejor es que, si estás dispuesto a no soltarle la mano a la demencial premisa de eludir a traidores y salvar a Estados Unidos de una eternidad de servidumbre a matones rusos, la cinta es bastante divertida (si suspendes tu botón de incredulidad por las dos horas y un minuto que dura) y sin dudas el mejor esfuerzo de las tres. Hay superávit de explosiones, peleas mano a mano, francotiradores de largo alcance, enroscadas tramas políticas con fuerte tono electoralista, un Danny Huston como mercenario que usa su milicia personal para tirar abajo un gobierno por dinero, una Jada Pinkett Smith como agente del FBI buscadora de la verdad, y una conclusión loquísima que no te vamos a spoilear.

Agente Bajo Fuego es una aventura equipada con un recuento de cuerpos vertiginoso y violencia sangrienta, caos y destrucción que cosechó sendos millones en las entregas de 2013 y 2016… Y todo parecería que volverá a repetir el éxito en esta nueva entrega.


Imagen de portada: Lionsgate.

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