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Modo BAFICI: Crítica a 'Cícero Impune', de José Celestino Campusano

Modo BAFICI: Crítica a 'Cícero Impune', de José Celestino Campusano

To be determined
Por Gabriella Botello
El director 'bruto' se descarrila de la verosimilitud tradicional de sus historias mínimas en la Competencia Argentina. El misticismo bordea lo grotesco y la crítica social que afiló en el Conurbano se desola en la Amazonia. Con un apurado (y torpe) approach a la cultura de la violación, el Mato Grosso parece haberse degullido al cineasta que entre narcos, prostitutas y heavy metal, perdió el hilo de su propio estilo.

Axioma Campusiano de la vida (y el cine): el verbo está activo, las experiencias son reales, los actores están atravesados por la realidades que retrata, y punto. Tómelo o déjelo. La (frondosa) filmografía de José Celestino Campusano, el malón del Conurbano que tomó al cine por asalto en los albores del siglo, es la encarnación el celuloide de las máximas Celestinas... O así era hasta la post-mayoriedad del BAFICI.

Cícero Impune ya arranca mal. La primera producción íntegramente en portugués del director born and raised en Quilmes juega al las escondidas en el Mato Grosso : el estado de Arce, pueblito semirural venido a menos reminiscentes de las vísceras del Conurbano profundo, es el escenario. La escena inicial es dura a la Campusano: lozana señorita arriba al hogar del hechicero para buscar la sanación de sus conflictos internos. Cícero, morochón pelado de peli de terror, es el consabido brujo malvado del clásico laburito... Pero con especia decadente: droga y abusa de la víctima. Inserte títulos.

El correr de los frames plantean la premisa habitual Campusiana: hombre ordinario frente a situación extraordinaria exige vendetta para resarcirse. César, el joven aserradero, lo sabe bien cuando su novia Vanésa le confiesa que fue una de atacadas de Cícero. La fórmula campusera exige que demande venganza... Hasta que pronto se entera que las fuerzas policiales, políticas, tremebunda muda y hasta las mismas víctimas seriales protegen al hechicero ¿Solución? Comprar un arma, beber hasta el sopor, ranchar con la pesada de la zona y planear venganza. Ya más es spoiler

El narcofetiche de frente no esconde la inconsistencia de fondo, y la disrupción de la fórmula Campusano de ácido registro de la profunda tragedia humana duele. Está, sí: diluida. Detrás de la cadencia sucia y la desprolija dirección de arte, la mordida social del perro que ladra más fuerte del cine nacional nos deja con gusto a poco. Por fuera de las transgresiones estilísticas que, después de todo, son una cuestión de gustos, la debilidad del guion, la inverosímil y -enfrentémoslo- convencional trama fuerza su arco dramático para resoluciones que pecan de obvias y se apoya sobre actuaciones que no colaboran a la sutileza de una historia como esta.

El abordaje al pasar de la cultura de la violación y la compleja relación entre víctima y victimario son tratadas a las apuradas. Cabría pensar que es en pos del tratamiento del tropos central de la venganza, pero lejos de adentrarse en una, en cualquiera de las heridas que propone, Cícero Impune las bordea sin consecuencia.

Es difícil criticar al mítico Campusano (que amamos con fuego rojo en el corazón de metal) con una historia tan genial como esta, pero la aventura brasilera del director puede decretarse como un fracaso.


(Imagen de Portada: Prensa de BAFICI de CINEBRUTO)

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