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Crítica a 'Un ladrón con estilo': una oda al inconformista solitario

Crítica a 'Un ladrón con estilo': una oda al inconformista solitario

30 de enero del 2019
Por Cristhian Manzanares
Larga vida a Robert Redford

¿Y cómo lo hace? ¿Cuál es el negocio?”, decía una canción allá por los años ochenta. Y bien se puede aplicar a la deslumbrante naturalidad con la que Robert Redford se desenvuelve ante cámara en su papel de Forrest Tucker, aquel pillo ladrón que, dicen, sin tener que usar su revólver, solo con su gentileza y encanto, logró asaltar muchísimos bancos en los Estados Unidos.



En ‘Un ladrón con estilo’ seguimos su recorrido criminal (porque será todo lo seductor que vemos en el ecran, pero sigue siendo un ladrón) con un ritmo mesurado, quieto, en el que Redford sabe conducirse y que tanto como nos muestra la maestría de un actor de su categoría, también nos apreciamos la habilidad del director David Lowery quien nos había sorprendido con ‘A ghost story’ y ahora confirma su crecimiento. Redford es un actor de pies a cabeza, pues no solo sobresale en lo que hace y dice, sino también involucra su mirada, su entonación, sus gestos, sus pausas, generando una dinámica con sus colegas en pantalla que solo sirve para esbozarte una sonrisa en cada escena. Será también, quizás, porque es una cinta que nos remite a un pasado clásico de Hollywood, del que el propio Robert supo ser protagonista.

‘Un ladrón con estilo’, en efecto, brilla cuando vemos a Redford en acción (junto al par de agradables compinches con los que cuenta), porque la calidez de su presencia es invasiva y copa nuestra atención sin mucho esfuerzo. Y como iremos apreciando, en realidad, la sucesión de sus atracos viene a ser elementos que complementan una historia personal más poderosa, la de un hombre que ha encontrado una motivación para (al menos evaluar) su retiro, pero que lucha contra su propia naturaleza, la que lo empuja a seguir haciendo lo que sabe, y no dejar esta extraña y delictiva zona de confort.

Lowery se ha encargado de que la película no solo gire en torno a Redford, más allá de la inquietante presencia de John Hunt (Juan Cazador, nunca mejor bautizado), el cansino detective interpretado por Casey Affleck, sino que además la narrativa y hasta la fotografía nos remita a una de esas cintas de policías y ladrones de décadas pasadas, en un ejercicio claramente autoreferencial para con el actor de 83 años. De otro lado, la persecución Hunt a Tucker es un reflejo también de su personalidad. No es una búsqueda obsesiva ni asfixiante, al punto que tampoco le preocupa tanto si no logra atraparlo, porque se encuentra en una etapa de su vida en donde la llegada de Tucker le ha devuelto algo que había perdido, y encerrarlo significaría perderlo.

Mención aparte para las escenas de Redford con Sissy Spacek, toda una lección de química en la pantalla, cada conversación fluye con el ritmo perfecto, sin que un personaje se sobreponga al otro, y logrando que prestemos atención a cada palabra que digan, aun cuando sus diálogos no ahonden demasiado en sus respectivas personalidades, sino que sirvan para dar a conocer lo necesario de cada uno de ellos como para agradarse y agradarnos. Si esta es la despedida del enorme Robert del cine, al menos como actor, no queda más que aplaudirlo hasta el cansancio.



(Imagen de portada: BF)


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