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'A Private War': la procesión va por dentro de Rosamund Pike

'A Private War': la procesión va por dentro de Rosamund Pike

27 de agosto del 2018
Por Gabriella Botello
La historia real de la corresponsal de guerra Marie Colvin es el nuevo proyecto del documentalista Matthew Heineman.

¿Creían que Jamie Dornan sólo valía para aparecer semidesnudo en 50 Sombras de Gray? ¿Que Rosamund Pike sólo podía descollar en películas de David Fincher? Error. Absoluto, terrible e injusto error. A Private War es la redención para los talentos escandalosamente desaprovechados de Pike y Dornan con esta impecable historia real de la que ya tenemos el primer tráiler.


La de Marie Colvin es una de esos dramones inverosímiles que piden a gritos una película a todo trapo. Es que la periodista de guerra del Sunday Times cubrió conflictos bélicos en Sierra Leona, Timor Oriental, Kosovo, Zimbabue, Chechenia, y hasta las revueltas de la Primavera Árabe. Su compromiso fue tal que hasta perdió el ojo izquierdo ante la explosión de una granada en Sri Lanka. Colvin, de hecho, falleció en 2012 en el estadio de sitio de Homs, en la guerra civil siria.


A Private War releva la historia de la periodista guerrera con todo y parche en el ojo con el cuerpo hábil de Pike en una película que, mínimamente, merecería un premio Oscar por compromiso social (o, cuando menos, un British Press Award como el que efectivamente ganó Colvin como corresponsal del año). La aproximación rigurosa, verídica hasta el dolor absoluto, y aterradoramente pprecisa es el material del que se escriben las leyendas cinematográficas de películas de guerra con un twist único.

La guerra no es tan terrible para los gobiernos. Ellos no mueren o se hieren como la gente ordinaria”, espeta una irreconocible Rosamund en una actuación que, de movida, demarca por lo extraordinario de la guerra alojada en el cuerpo físico. Más allá de las tomas que parecen reflejar la realidad abyecta de los conflictos bélicos en pleno Medio Oriente, todo apuntaría a que Pike asumió los gestos (y contradicciones) de la periodista a la perfección.


El registro de verosimilitud es implacable. A Private War nos sumerge en las cuevas y túneles de las resistencia, nos ahoga en los fusilamientos rituales, nos inunda con las muertes civiles de mujeres y niños, nos invade con el terror de las bombas y el fuego. Hasta nos hace sacudir la mano de Kadhafi. Los ojos se nos dinamitan con explosiones, tiros, cadáveres, revueltas, y ciudades convertidas en polvo por los bombardeos: todo lo que podemos asumir que vivió la propia Colvin con espeluznante fidelidad.

Odio estar en una zona de guerra… Pero también me siento obligada a ver como es”. En una sola frase, A Private War demuestra precisamente de qué se trata. Amén de revelar la tragedia cotidiana -lo mínimo, lo máximo, lo intenso, y lo terrible- de los puntos calientes de los conflictos bélicos, el metraje se ensaña con la guerra privada, con la procesión interna del estrés postraumático y las pesadillas constantes que forjaron la personalidad de Colvin en plena ebullición del combate civil en Siria.

No hay concesiones, no hay estilizaciones, no hay diluciones: A Private War es la verdad, sus costos y consecuencias. Y no nos quedan dudas de que gran parte de los aciertos provienen de la mano maestra del documentalista Matthew Heineman. Su formación en Tierra de cárteles (2015; sobre el narcotráfico en México) y City of Ghosts (2017; sobre el periodismo ciudadano de Al Raqa en Siria en plena amenaza de ISIS) marcan un norte narrativo que se ancla de las historias reales que exceden toda ficción y en la necesidad absoluta de revelar estas realidades ocultas.


Imagen de portada: Aviron Pictures.

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