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Crítica a ‘Amor de vinilo’, cuando el fanatismo desgasta tu relación

Crítica a ‘Amor de vinilo’, cuando el fanatismo desgasta tu relación

15 de noviembre del 2018
Por Cristhian Manzanares
Esta comedia romántica está protagonizada por Rose Byrne, Chris O’Dowd y Ethan Hawke

De un tiempo a esta parte, las comedias románticas adquirieron una mala reputación, quizás porque se agotaron en sus fórmulas y tarde o temprano navegaban en un mar de banalidad que nos obligaba a mantenernos a flote como sea para llegar al final de la cinta. Es una buena noticia saber que ‘Amor de vinilo’ es una propuesta diferente que refresca el género y te saca más de una sonrisa. Basada en la novela homónima del escritor británico Nick Hornby, el resultado es un film que escapa de la tradición de este tipo de comedias, abordando problemas más peliagudos, sin saturarnos con bromas inútiles y escapistas.





No obstante, a pesar de haberla encajado en la mencionada categoría, lo que apreciamos en la cinta de Jesse Peretz no es exactamente un romance sino el cuestionamiento de una relación adulta. La pareja protagónica no pasa por un buen momento, dado que Annie (interpretada por Rose Byrne), entiende que su chico, Duncan (Chris O’Dowd), está más obsesionado con su artista favorito que con ella. ‘Amor de vinilo’ desde el título puede resultar engañosa, incluso con su título original en inglés, traducida como ‘Juliet, desnuda’, que es una referencia netamente musical: así suele llamársele a los discos que son lanzados con versiones sin arreglos, generalmente acústicos, con tomas de ensayo, de un álbum editado previamente.

Duncan es el fan más recalcitrante del cantante de folk rock norteamericano Tucker Crowe, quien en algún momento de su vida editara un disco estupendo titulado ‘Juliet’. En plena gira de promoción, Crowe tiene una crisis, cancela la presentación y toda la gira, y se recluye en el más completo anonimato durante casi dos décadas, lo cual alimentó no solo el fanatismo sectario de Duncan y de las otras 200 personas interesadas en el músico, sino también manejando una web en donde se discuten diversas teorías sobre su enclaustramiento, lo que “realmente” quisieron decir sus letras, y ese tipo de discusiones que no llevan a nada, pero consumen su tiempo y energía, elementos que no entrega con igual brío a Annie.

Ella, por su parte, está harta de todo: de su trabajo en un museo en un pueblo insignificante de Inglaterra, de su convivencia inocua con Duncan, de que cada vez tiene menos tiempo para tener hijos, pero sobre todo, de su propia inoperancia para realizar algún cambio efectivo en su vida. Por eso que el recibir aquel disco con versiones raras de la obra máxima del artista favorito de Duncan es la oportunidad ideal para volcar su frustración de la manera más honesta que tiene: desnudando la total y completa falta de madurez de la persona con la que pasó los últimos 15 años de su vida.

Y también tenemos a Crowe (personificado por Ethan Hawke), el músico voluntariamente retirado quien también tiene sus propios demonios, y aparece impredeciblemente para presionar todos los botones que enriquecen la película. Un hombre inmaduro (otro más en aquella impagable “galería de hombres inmaduros” que Hornby grafica tan bien en sus libros) e inseguro con lo que tiene y lo que podría ofrecer y que no sabemos si está buscando un empujoncito para volver a empezar o simplemente seguir disfrutando de lo que tiene con el mínimo esfuerzo. El extraño triángulo amoroso que se forma a partir de su presencia intensifica las diferentes conexiones que hay entre todos, nuevamente, desnudando su propia humanidad, esto es, sus anhelos, sus reveses, sus sueños, y sus posibilidades.

La ventaja con la que corre el filme de Peretz frente a otras de su especie es que podemos establecer una identificación inmediata con cualquiera de las partes en disputa. Así como no habrán sido pocas las veces en que consideramos que hemos puesto mucho más esfuerzo que nuestra pareja en una relación, también es cierto que podemos alcanzar cierto nivel de fanatismo que bordea la obsesión con el cual incluso llegamos a basar nuestra interacción con el resto de personas, incluida nuestra pareja. Dicha situación “límite” llega cuando se confrontan por algo que supuestamente debería contribuir a construir un vínculo más fuerte.

‘Amor de vinilo’ tiene un tratamiento inteligente que transmite honestidad, encanto y un humor que nunca se siente forzado, y toca muy hondo en aquellas personas arriba de los treinta, épocas en las que uno, por la razón que sea, comienza a mirar atrás para saber cuánto más tiene por delante. Que una comedia romántica logre esto, ¿acaso no es un casi un triunfo? No te pierdas 'Amor de vinilo' ingresando a Fandango.lat para disfrutarla en tu sala favorita.

(Imagen de portada: Diamond Films)

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