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Crítica a 'Glass', un redondo cierre al microuniverso de Shyamalan

Crítica a 'Glass', un redondo cierre al microuniverso de Shyamalan

18 de enero del 2019
Por Samantha Cerff
El thriller marca el final de una inesperada trilogía de superhéroes poco convencionales.

Dejemos las cosas claras desde el inicio, la carrera de M. Night Shyamalan no es para nada impecable, es verdad; pero nadie puede negar que sus grandes propuestas han forjado un estilo propio más que interesante. Con El Protegido, cinta que debutó en los cines por allá en el año 2000, el cineasta nos daba su versión de lo que podría ser el género de superhéroe, sin hacer una "película de superhéroes" en sí misma. En el 2016, sorprendió cuando su nueva propuesta mostró al personaje de Bruce Willis, confirmando que ambas cintas formaban parte del mismo universo. Y esto, a su vez, da pie a la anticipada llegada de Glass.



El largometraje trae de vuelta a tres personajes en que el mismo Shyamalan se había encargado de desarrollar en sus trabajos anteriores. Tenemos a nuestro héroe, David Dunn, interpretado por Bruce Willis. Él es el responsable de abrir la cinta y, a la vez, explicarnos dónde se encuentra su rol 19 años más tarde. También está Elijah Price, rol que Samuel L. Jackson ejecuta a la perfección, como no podía ser de otra forma. Price —o Mr. Glass, si así lo prefieres—, mantiene la mente brillante que lo convierte en una gran amenaza. Y, por supuesto, también está presente Kevin Wendell Crumb. Una vez más, James McAvoy ejecuta con maestría las múltiples personalidades del protagonista de Fragmentado.



Pronto nos enteramos que David ha mantenido una vida relativamente tranquila, con un trabajo estable en su compañía de seguridad en casas. Claro, eso ocurre cuando no patrulla las calles de Filadelfia, intentando mantener la seguridad de su comunidad con ayuda de su hijo. Mientras tanto, Kevin ha vuelto a hacer de las suyas, secuestrando a un grupo de porristas que muy pronto conocerán a la Bestia. No pasará mucho para que los caminos de ambos personajes se crucen en una violenta batalla que nos deja al borde del asiento. Shyamalan nos muestra cuál será su estrategia desde ese momento. En su universo no hay lugar para rimbombantes efectos especiales, pone cara a cara el aspecto animal y primitivo de la Bestia, con la fuerza sobrehumana de David. De momento, no se necesita más.

La aparición de Mr. Glass tarda un poco en llegar y, con él, se explica con mayor detalle la presencia del personaje de Sarah Paulson. La actriz de Bird Box interpreta a una doctora que busca curar a las personas con complejo de superhéroes, aquellas que han perdido la noción de la realidad y se creen personajes de historietas.



Cada uno de los tres actos de Glass será liderado por los tres protagonistas. Sin embargo, otro trío también cuenta con bastante peso en la historia. La cinta marca el regreso de otros tres roles: el hijo de David, Nick; Casey, una de las chicas secuestradas por Kevin; y la madre de Elijah. Su participación, si bien es mucho menor, está lejos de ser fanservice. Shyamalan se toma su tiempo en explicar el propósito de este otro grupo de personas, los humanos que atan a la tierra a Kevin, David y Elijah.

Hay muchos aspectos por desmenuzar con respecto a Glass, el director nos aporta bastante información, lo que provoca que algunos momentos se sientan sobreexplicativos. Sin embargo, a la vez, eso hace más rico su universo.

Sin lugar a duda, Glass es una película hecha para dividir al público. M. Night Shyamalan no se toma la molestia de buscar complacer al resto y cuenta la historia que quiere contar, en la forma en que fue concebida desde fines de los 90. Lo tomas o lo dejas, él definitivamente se lo ha pasado en grande.



(Imagen de portada: Cinecolor)



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