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Modo BAFICI: crítica a 'Hora-Día -Mes' de Diego Bliffeld

Modo BAFICI: crítica a 'Hora-Día -Mes' de Diego Bliffeld

21 de abril del 2017
Por Gabriella Botello
El hombrecito del estacionamiento gris del BAFICI apuesta a una progresión estacionada para descubrir la coreografía interior de la mente. Propuesta interesante (pese al freno de mano) para lucir en la Competencia Argentina con el épico vozarrón (y prosa) del escritor Martín Cohen.

No hay conflicto, no hay tensión, no hay nudo, o desenlace... Y lo admite. No obstante, Hora - Día - Mes, la película con la que Diego Bliffeld compite en el BAFICI, funciona (y bastante bien) por casi 77 minutos... O quizá un poco menos.

Bernardo Talavera, Nardo para los amigos (si los tuviera), surca la delgada línea de la fantasía y la realidad en el garage-burbuja del pleno centro en el que trabaja. Es que eso es lo que debe pasar cuando la prosa inclemente del lúcido Martín Cohen es la que interpreta (y vocifera) tu monólogo interno. Nada (y todo) parece suceder en la película: Nardo llega a su trabajo de responsable de estacionamiento en el que prácticamente vive y come caramelos, manguea el local, lava autos por unas chirolas, intenta vender un auto, toma tecito, lee revistas, bordea cierto chamuyo, repeat. Y entre tanto detalle olvidable, florece la profunda fantasía mecánica del amor a pistón, de la noche ciega para que Nardo juegue a los autitos, delire con los apodos que le da a ada coche.

Convengamos: Hora - Día - Mes no se sostendría sin la voz en off de Cohen que motoriza el relato (y que de hecho, fue la patada inicial que dio forma a la película de Bliffeld). Como película, Hora - Día - Mes es ciertamente un gran escrito, condimentado con la impecable fotografía de Alejo Maglio y un convincente trabajo del protagonista Manuel Vicente... Pero que necesita de una vuelta de tuerca para sostener el interés.

La reflexión del tiempo que se desdibuja y abstrae, el humor sátiro en el vozarrón de trueno de Cohen y la certeza de que el universo interior es siempre misterioso (incluso, el del encargado de un garage) funciona por casi una hora, pero la rutina marcada a fuego del protagonista trasciende la funcionalidad narrativa y se convierte, hacia el final, en la cruz del espectador. El mérito, no obstante, está ahí. Mirá acá de qué se trata:





(Imagen de portada: Hora - Día - Mes)

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