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'Ace Ventura: Detective de Mascotas' cumple 25 años (y nos agarra el viejazo a todos)

'Ace Ventura: Detective de Mascotas' cumple 25 años (y nos agarra el viejazo a todos)

4 de febrero del 2019
Por Gabriella Botello
Un cuarto de siglo después, reflexionamos sobre la película que eyectó a Jim Carrey a la fama.

Si tuviste la suerte de estar vivo en 1994 (y no vivías debajo de una roca, o bajo la forma de una cabra en las cordilleras nepalesas),, tú, yo y todos los demás beautiful bows de los ‘90 fuimos testigos de algo extraordinario: la creación y el ascenso estratosférico de una superestrella. El eterno resplandor de Jim Carrey -condensación canadiense del humor físico- tomó la pantalla por asalto con la espectacular Ace Ventura: Detective de Mascotas y, desde entonces, jamás abandonó nuestros corazones. Hoy , a 25 años de su estreno, recordamos todo lo que hizo a esta cinta uno de los fixtures del cine shampoo de los ‘90 (y si, nos sentimos un poco viejos). Alrighty then!


Podemos asegurarlo: no hay fórmulas para la risa. Tampoco la hay para los Jim Carreys del mundo… Pero se acerca bastante. Es que si los factores fuesen peinado alla Elvis Presley y camisas hawaiianas, cantatas aleatorias, escenas de repetición instantánea a cámara lenta en hospitales psiquiátricos, brutal death metal , tutús rosas, y el talento inconmensurable de una cara de goma pues ciertamente tenemos la receta para el éxito.


Y nadie apostaba al proyecto, en un inicio. Es que el chico blanco de In Living Color apenas si destacaba entre el clan Wayans, Jamie Foxx, Rosie Perez y Jennifer Lopez pre J-Lo… O quizá si lo hacía: después de todo, era el tipo con la increíble habilidad para flexionarse y doblarse de varias maneras al punto de dislocarse el hombro… O hacer de un anciano jorobado mientras se emborracha al mismo tiempo. Y fue esa capacidad única de Jim de esforzarse al máximo para generar risas, su extremo compromiso físico en el humor y su maravilloso delivery de one-liners lo que seguramente hizo de Ace Ventura: Detective de mascotas una gran película.


¿Cómo olvidarnos de la trama bien pulp -craneada entre el propio Jim, el director Tom Shadyac y el guionista Steve Oedekerk- que parió una premisa desopilante como extrema? un investigador privado con un íntimo conocimiento y tremenda pasión por la vida animal… El espectacular caso del secuestro de la mascota perdida de los Miami Dolphins (sorpresa, sorpresa, es una delfín llamada Snowflake), y el jugador estrella y mimbro del Salón de la Fama Dan Marino. Ace tiene el repertorio de métodos a estilo Sherlock y una serie de extremas técnicas de investigación (autointernarse en un psiquiátrico, mostrar fotos de hemorroides hasta el punto del vómito de todos los presentes, y besar a casi todo lo que camina en el proceso) que causan cantidad de risas.

Ace Ventura está plagada de escenas memorables: desde el entrenador de delfines, pasando por la boca llena de chicle de Ventura, la espectacular fiesta con todo y espárragos, la escena estilo “Misión Imposible”, y el rescate de perritos, hasta Cannibal Corpse tocando en vivo (ay, sí), nadie duda de que esta fue la película que puso a Carrey en el mapa y que, a un cuarto de siglo de su estreno, sigue rompiéndonos a risotadas con su humor extremo. La ola tidal que colocó a Jim en el estrellato sólo se profundizó con el estreno de La Máscara y Tonto y Retonto en el mismo 1994: todos ellos clásicos. Todos ellos infinitamente citables y firmes en el léxico moderno….


A excepción de un par de objeciones que no han envejecido del todo bien (y, francamente, que tampoco podía pedírsele al liviano humor de los noventa con nula conciencia de género, de etnia, o de clase). El tercer acto de la película, en el que el jugador Ray Finkle se disfraza de Lois Ainhorn, jefa de Policía y superior de Ace, hace creer al detective estar locamente enamorada de él y lo besa es una canción a la transfobia. Es que Ace, cuando descubre que Ainhorn es en efecto Finckle, reacciona desde el asco por el beso y, a puro estilo Carrey, vomita, se lava los dientes con todo el dentífrico, se pasa una sopapa por la boca y quema su ropa y se pone a llorar desnudo en se bañera.


Los chistes de pánico-gay y los momentos anti-trans de la película no son la mera ignorancia de la década de los ‘90: es humillación y abuso explícito al colectivo fuera de la heteronorma. Y si bien entendemos que es humor, deja de ser gracioso cuando se hace un target de una minoría. Y si bien podemos gozar de las cosas buenas y el impecable estilo cómico de Jim, es igualmente importante ver qué tanto esas obras culmines del humor resisten en el paso del tiempo. Más fundamental aún es mirarnos a nosotros mismos y ver cuánto de estas cintas formaron parte de nuestro repertorio de chistes y qué prejuicios trajeron a la mesa.



Imagen de portada: Warner Bros.

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